martes, 3 de noviembre de 1998

El amor a los pobres

 El amor de los pobres

(Extraído del 

'Catecismo de la Iglesia Católica' 

Números 2443 - 2449)

 

    Este mes ha sido muy fuerte para los Siervos en la República Dominicana Nos pasó por encima el huracán "Georges". Fue una experiencia espantosa: un poder sin misericordia, con vientos por encima de 200 kilómetros por hora, que nada ni nadie podía controlar. Nos escondimos como animales pequeños, rezando y temblando de miedo, sabiendo que no podíamos hacer absolutamente nada sino esperar que terminara.
    Una vez silenciados los vientos, salimos de nuestros escondites, alegres y aliviados, dando gracias a Dios porque quedamos con vida.

Pero casi en seguida, como hielo en el corazón, se nos congelaron los ánimos. Rápido, muy rápido, nos dimos cuenta de que, en medio de la desolación a nuestro alrededor, muchos de nuestros hermanos dominicanos habían perdido todo, todo, todo...

Cientos murieron, cientos de miles estaban "damnificados", y la población total estaba herida profunda y largamente.

Desde entonces la Comunidad se ha convertido en una sola obra de caridad, alimentada por muchas donaciones, (con contribuciones extraordinarias de nuestras Casas fuera del país), haciendo todo lo que podemos para paliar en algo al sufrimiento de nuestros hermanos.


La Caridad

En momentos así, el amor desinteresado, la caridad, florece instintivamente, y testimonios de entrega incondicional abundan por todas partes - gracias a Dios.

Para alentar y afirmar a nuestros hermanos de Comunidad que -todavía-están laborando diariamente en la tarea ardua de llevar ayuda a su prójimo, a continuación desarrollamos la enseñanza de la Iglesia para momentos así:

El amor de los pobres

"El amor de la Iglesia por los pobres... pertenece a su constante tradición" (CA 57). Está inspirado en el Evangelio de las bienaventuranzas (cf. Lucas 6, 20-22), en la pobreza de Jesús (cf Mateo 8, 20), y en su atención a los pobres (cf. Marcos 12, 41-44). El amor a los pobres es también uno de los motivos del deber de trabajar, con el fin de "hacer partícipe al que se halle en necesidad" (Efesios 4, 28).

Las obras de misericordia 

Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Isaías 58, 6-7; Hebreos 13, 3).

Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras de misericordia espiritual, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf. Mateo 25, 31-46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf. Tobías 4, 5-11; Eclesiástico 17, 22) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf Mateo 6, 2-4).

La miseria humana

"Bajo sus múltiples formas - indigencia material, opresión injusta, enfermedades físicas o psíquicas y, por último, la muerte-, la miseria humana es el signo manifiesto de la debilidad congénita en que se encuentra el hombre tras el primer pecado y de la necesidad que tiene de salvación. Por ello, la miseria humana atrae la compasión de Cristo Salvador, que la ha querido cargar sobre sí e identificarse con los 'más pequeños de sus hermanos' También por ello, los oprimidos por la miseria son objeto de un amor de preferencia por parte de la Iglesia, que, desde los orígenes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos.

Lo ha hecho mediante innumerables obras de beneficencia, que siempre y en todo Iugar continúan siendo indispensables" ("Libertatis conscientia" 68).


Los pobres son los hermanos de Jesús 

En el Antiguo Testamento, toda una serie de medidas jurídicas (año jubilar, prohibición del préstamo a interés, retención de la prenda, obligación del diezmo, pago cotidiano del jornalero, derecho de rebusca después de la vendimia y la siega) corresponden a la exhortación del Deuteronomio: "Ciertamente nunca faltarán pobres en este país; por esto te doy yo este mandamiento: debes abrir tu mano a tu hermano, a aquél de los tuyos que es indigente y pobre en tu tierra" (Deuteronomio 15, 11).

Jesús hace suyas estas palabras: "Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis" (Juan 12, 8). Con esto, no hace caduca la vehemencia de los oráculos antiguos: "comprando por dinero a los débiles y al pobre por un par de sandalias..." (Amos 8, 6), sino que nos invita a reconocer su presencia en los pobres que son sus hermanos: "Cuanto dejasteis de hacer con uno de éstos, también conmigo dejasteis de hacerlo" (Mateo 25, 45).

En ellos servimos a Jesús

El día en que su madre le reprendió por atender en la casa a pobres y enfermos, Santa Rosa de Lima le contestó: "Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús".


Nota

CA = "Centesimos annus" es decir la Encíclica de S.S.Juan Pablo II de 1 mayo de 1991)

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