jueves, 5 de noviembre de 1998

Huracán Georges



Por P. Jorge Bravo M., S.J.

 

    Martes 22 de septiembre

    Llevo un largo tiempo ante el Santísimo, en la capillita privada de la Comunidad. Son las 10 de la mañana. Afuera es el ciclón implacable y destructor, que brama y brama y destroza árboles y casas y cuanto encuentra a su paso inacabable... Llevarnos varias horas y faltan muchas más...

    — Señor, Tú estás aquí, yo sé que estás aquí como en la barca, estás abiertos los ojos y despierto. A pesar del bramido del viento hay junto a Ti, en la Presencia Sacramental de tu amor, un murmullo de paz y en mi corazón brilla la esperanza...

    — Señor, tantos pobrecitos hermanos que este instante se quedan sin nada y tantos que están, tal vez muriendo... Ten misericordia; Tú sabes cómo protegerlos...

Hubo momentos en que me sentía muy preocupado y solo. Golpeados por las ramas del árbol de mango y por el viento, los cristales de la claraboya vibraban fuertemente... ¿Resistirían?

    — Señor, ¡que los cristales resistan! Si revientan, qué diluvio sobre tu Sagrario en tu capilla... Señor, ¿qué hago?

    — No mires el ciclón; mírame a Mí; no escuches el ciclón, escúchame a Mí; no te quedes en el ciclón; quédate en Mí. El ciclón pasa; Yo permanezco para siempre y soy la Vida. ¡Yo soy fiel!

No mires el ciclón; mírame a Mí; no escuches el ciclón, escúchame a Mí;
no te quedes en el ciclón; quédate en Mí. El ciclón pasa;
Yo permanezco para siempre y soy la Vida. ¡Yo soy fiel!

    Y sigo orando, orando, orando sin palabras y escuchando callado ¡tu Presencia¡ Y me vienen multitudes de gente que huyen y huyen sin saber a dónde, y ríos desbordados y casas que se derrumban y árboles y árboles que se desgarran y que caen, y llanto y alaridos y un volar por los aires de cosas y de casas que se destruyen y destruyen y amenazan...

    Y me vienen las palabras de Tu Palabra que me dicen:

"Alabar y dar gracias al Señor en toda circunstancia. Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo, en la oración y en la plegaria, sean presentadas a Dios vuestras peticiones acompañadas de acción de gracias... Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filipenses 4, 6-7).

    "Humillaos bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os ensalce. Echad sobre El todos vuestros cuidados, puesto que Él se preocupa de vosotros" (I Pedro 5, 6-7).


    Y en fe trato de agradecer al Señor también en estos interminables momentos, y recuerdo las palabras del salmo `Tu paz rescata mi alma" (Salmo 54, 19); "sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor» (Salmo 30, 25).

    — Gracias, Señor, porque al menos ese día tu Palabra se me hizo vida de mi vida y porque también ese día mi corazón se hizo intercesión.


    ¿Y DESPUÉS?

Dos días más tarde un niño de once años me dijo con increíble acierto "yo pienso que la parte que viene es peor que el huracán"... "Tanta gente sin nada y ¡tanto sufrimiento!"

    Después... el sentirnos como anonadados... Todos y todo aparece muy distinto. Los rostros no son los mismos ni lo mismo; los árboles, las cosas y las casas tampoco son lo mismo... Hay mucha muerte en todas partes, dentro de las casas y fuera en las calles y en los campos... ¡Qué tristes las calles, los rostros, los jardines, y los campos... Las flores han muerto y han caído, o están mustias y los troncos desgarrados dan tristeza, y hay ramas inmensas y pequeñas, tendidas en el suelo en todas partes... Y las aves y los nidos ¿a dónde se nos han ido? Sí... Aparece uno que otro pajarillo... Señor, ¿dónde se han guarecido? Y recuerdo: "Mirad las aves del cielo..." el Padre las alimenta... ¿Y las flores? El Padre viste las flores... Ni una de ellas está en olvido para el Padre del cielo...

    Gracias Señor, porque aún hay flores y pajarillos que cantan, después del huracán...

    Pero... ¡cuántos hermanos sin nada de nada para poder vivir! Lo más doloroso, me decía alguien -¡un pobre!- es ver con tus propios ojos cómo tu casita desaparece en un instante" . "Ahora, ya no tienes casa"...

Lo más doloroso es ver con tus propios ojos
cómo tu casita desaparece en un instante" .
"Ahora, ya no tienes casa"...

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    Hoy es lunes 5 de Octubre. Han pasado 14 días y desde el 22 de septiembre nada ni nadie es igual. La ciudad es otra ciudad; jamás imaginé que pudiera darse de la noche a la mañana un cambio tan doloroso y radical. Todos y todo hemos cambiado... Hay un algo de tristeza en la cordialidad de los saludos, y también más esperanza, más fe y más amor. Es un desbordarse de generosidad para ayudar a los más necesitados...

    La Casa de la Anunciación es un río de hermanos que traen ayuda a los hermanos y muchos se quedan el día entero ayudando a clasificar los donativos, a preparar las fundas que otros hermanos las llevarán cuanto antes a donde nadie ha ido...


Gracias, Señor, porque tras «el arrancar y destruir, el arruinar y asolar,
viene el plantar y edificar»
un mundo nuevo en el Espíritu.
(Jeremías 1 ,10).
 Hay un nuevo huracán entre nosotros y se llama "amor": "sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman" (Romanos 8, 28) y estamos aprendiendo que "en el fondo de todo acontecimiento hay un evangelio", una buena nueva de alegría para todo el pueblo...

    Basta ver los rostros de quienes van y comparten con los más necesitados: hay risa y hay sonrisa en cuantos no escatiman ni su tiempo ni sus fuerzas para poder servir... Y todos estamos orando más y celebrando con más fervor la Eucaristía cada día...

    ¡Gracias, Señor, por haber cambiado nuestro corazón!

    ¡Que el Viento Recio de tu Espíritu siga purificando y transformando nuestras vidas!

    ¡Danos fortaleza y poder perseverar sirviéndote en los pobres a Ti con alegría!

    Es tiempo de reconstruir, es tiempo de sembrar, es tiempo de crecer en la esperanza de frutos nuevos, de nuevos árboles, y de nuevas flores: ¡gracias, Señor, porque nos quedan las semillas!

    ¡Sal, Sembrador, con nosotros a sembrar! Que no nos quedemos mirando y añorando el pasado: ¡más importante es el futuro!

    ¡Danos la sabiduría para construir nuestra "casa" sobre Roca y para sembrar nuestra semilla en tierra buena!


    Gracias, Señor, porque tras «el arrancar y destruir, el arruinar y asolar, viene el plantar y edificar» un mundo nuevo en el Espíritu (Jeremías 1 ,10).

 

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