lunes, 4 de octubre de 1993

La Cruz de San Damián - Padre Michael Scanlan

La Cruz de San Damían 

Por Michael Scanlan, T.O.R. 

    La cruz aquella ante la cual oraba San Francisco cuando recibió del Señor el encargo de reconstruir la Iglesia. La cruz original actualmente se encuentra en la Iglesia de Santa Clara en Asís, Italia. 


El tipo de cruz 
    Este tipo de cruz es un ícono. Contiene imágenes de personas que juegan un papel en el significado de la cruz. La tradición de estas cruces comenzó en las iglesias orientales y fue llevada por monjes al distrito de Umbría en Italia. La cruz de San Damián fue una de las tantas que se pintaron en forma similar durante el siglo XII en Umbria. El nombre del pintor se desconoce. El propósito de la cruz en forma de ícono era enseñar el significado del suceso dibujado y así fortalecer la fe de las personas. 

LAS IMAGENES: 
Cristo crucificado 
    Jesucristo está representado herido y, a la vez, poderoso, erguido y resucitado. Su halo incluye la figura de la cruz gloriosa. El color blanco intenso del cuerpo de Jesús contrasta con el rojo oscuro y el negro a su alrededor y por tanto, acentúa la prominencia de Jesús. El proyecta la vida de naturaleza divina en un cuerpo traspasado por clavos en las manos y los pies, por la corona de espinas en su cabeza y por la herida de lanza en el costado. La imagen de Cristo tiene una estatura completa mientras que los otros son de estatura menor Esto se hace para centrar la atención en Jesús que es la persona digna de alabanza. Sobre la cabeza de Jesús aparece la inscripción en latín: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS. 

TESTIGOS PRINCIPALES 
    Las figuras más grandes, después de Jesús, son los cinco testigos de la crucifixión de Jesús. En el lado izquierdo están María, la madre de Jesús, y San Juan, el discípulo amado, a quien Jesús le entrega a su madre. A la derecha figuran María Magdalena, María la madre de Santiago, y el centurión que en el evangelio de Marcos proclama: «Verdaderamente éste es el Hijo de Dios». 
    María y María Magdalena tienen sus manos sobre sus mejillas para reflejar angustia y dolor extremos. Este gesto era una expresión común en este tipo de arte. 
    El centurión aparece representado en la posición clásica de un testigo cristiano. Los tres dedos de su mano derecha muestran el símbolo tradicional de «Yo hablo». En el contexto cristiano ésto significa «Estoy testimoniando que Jesús es el Señor». 
    Existe una vieja tradición que ve en esta representación del centurión a aquel que dijo: «Dí una sola palabra y mi sirviente quedará sano» (Lucas 7 7). Sobre esta base, el que aparece sobre el hombro del centurión es el sirviente curado. (Esta reflexión piadosa puede ayudar aunque probablemente nunca estuvo en la mente del artista). 
    Los nombres de los cinco testigos principales aparecen escritos debajo de sus figuras. 
    Cerca de la cruz de Jesús se encontraba María (su madre), María (la madre de Santiago ver Marcos 15, 40) y María (La Magdalena). Al ver a su madre allí con Juan, el discípulo amado, Jesús le dijo: «Mujer he ahí a tu hijo». Y a la vez, le dijo al discípulo: «He ahí a tu madre» (ver Juan 19, 25-27). 

TESTIGOS MENORES: 
Longinos 
    Tres figuras más pequeñas aparecen observando la crucifixión. En el lado izquierdo inferior aparece Longinus, el soldado romano que traspasó con una lanza el costado de Jesús. Figura portando una lanza y mirando hacia Jesús. La sangre derramada del brazo de Jesús comienza a gotear desde el codo para ir a caer sobre la cara de Longinus. En otras representaciones la sangre cae sobre el ojo de Longinus, que según la tradición, quedó curado de ceguera en un ojo durante la crucifixión (ver Juan 19, 33). 

Stephaton 
    En el lado derecho inferior está Stephaton. Las pinturas umbrianas sobre la crucifixión generalmente representaban a Longinus y a Stephaton como figuras complementarias al pie de la cruz. Stephaton está identificado como el soldado que ofreció a Jesús la esponja empapada de vinagre. El nombre de Stephaton se deriva de la palabra griega que significa esponja (ver Juan 19, 28-30). De la postura de esta figura se deduce, al igual que de otras obras de arte que representan a Longinus y a Stephaton, que éste sostenía una esponja, al igual que Longinus sostenía la lanza. La restauración de la cruz en 1938 no descubre la esponja pero, indudablemente, era parte de la pintura original. Mientras el largo de su túnica indica vestimenta romana, el resto de su apariencia hace pensar que era un guardia judío del Templo. 
El observador 
    Sobre el hombro derecho del centurión figura una cara pequeña. Algunos sugieren que es el sirviente del Centurión sanado por Jesús. Esto no parece lógico. No existen indicios de que el centurión al pie de la cruz fuera el mismo cuyo hijo fue curado por Jesús. Más aún, una mirada a la cara del observador revela las cabezas de otros tres detrás de él. Por tanto, él es la persona que está al frente de una multitud de observadores. Es más factible que la cara del observador sea la cara del artista que, de acuerdo con la práctica común, reclamaba tanto la autoría como la inmortalidad al hacerse testigo de Jesús. 

Los ángeles 
     Seis ángeles están representados como maravillados ante la crucifixión. Están posicionados a ambos lados de la cruz. El gesto de sus manos indican que están discutiendo el acontecimiento de la muerte del Hijo de Dios y nos llaman a maravillarnos y a venerar con ellos. 
   
Los santos patrones 
     Al pie de la cruz hay una pintura dañada de seis figuras, dos de las cuales tienen halos. De acuerdo con la tradición, éstos son los seis patrones de Umbria, Italia: San Juan, San Miguel, San Rufino, San Juan Bautista, San Pedro y San Pablo. 

El gallo 
     Al lado derecho del cuadro, abajo de la rodilla izquierda de Jesús, aparece un pequeño gallo. Este representa la traición de Pedro a Jesús y figura allí para recordarnos que no debemos presumir de nuestra fortaleza o complacernos en nuestra fe. Necesitamos acudir al Crucificado continuamente y pedirle la gracia que necesitamos en nuestras vidas. (ver Juan 18, 25-27). 

La bienvenida celestial 
     En la parte superior de la cruz vemos a Jesús vestido con ropas señoriales y llevando la cruz como cetro triunfal. Aparece saliendo de la tumba y se dirige a la corte celestial. A su alrededor se agrupan diez ángeles. Cinco de ellos tienen sus manos extendidas como gesto de bienvenida a Jesús, quien también tiene su mano levantada en señal de saludo. 

La mano derecha de Dios 
     En el tope de la cruz está la mano derecha del Padre con dos dedos extendidos. Jesús es levantado de los muertos por la mano derecha de Dios Padre. Esto también puede interpretarse como la bendición de Dios Padre a toda la obra de Jesús. 

El pie de la cruz 
     Algunos consideran que el espacio negro al pie de la cruz representa el infierno (limbo) al que Jesucristo descendió luego de ascender al Padre. También consideran que el negro detrás de los hombros de Jesús es una tumba abierta y que las figuras al pie de la cruz son los santos del Viejo Testamento liberados del infierno (no del infierno de los malditos). Todo ésto parece improbable. El negro ofrece el fondo oscuro para la cruz de madera que acentúa el cuerpo resplandeciente de Jesús. 

La enseñanza 
     Lo primero que estamos llamados a ver en la cruz es el misterio pascual de la muerte, resurrección y ascensión de Jesús. El pintor desea que relacionemos las partes del misterio. Vemos el sufrimiento conectado a las heridas; vemos ambas naturalezas, la humana y la divina, unidas; vemos la resurrección de la tumba y la ascensión al cielo y vemos que todo ésto es posible gracias al poder de Dios. 
    La segunda enseñanza nos muestra la importancia suprema de Cristo. El domina todas las demás figuras. Los ángeles son muy pequeños en comparación y se maravillan ente su obra. Los santos también son considerablemente más pequeños y todos están centrados en Jesús. Son testigos del suceso central de la historia. Algunos lo presencian en persona, al pie de la cruz, mientras que los santos patrones continúan atestiguándolo en fe y a través de sus vidas. 
    Usted y yo nos identificamos con el observador El y los que están detrás contemplan este evento maravilloso y son llamados a ser testigos como lo fueron los santos. Estamos invitados por los ángeles a adorar mediante el símbolo del gallo y nos previenen de no presumir de nuestra fidelidad. 


La oración de San Francisco ante la cruz de San Damián 
Dios de toda la gloria, 
trae luz a la oscuridad de mi corazón. 
Dame fe verdadera, esperanza cierta 
y caridad, discernimiento 
y sabiduría perfectos, 
para que siempre pueda observar 
tus verdaderos y santos mandatos. 
Amén

 

________________

El Siervo No. 42 - octubre 1993 

No hay comentarios.: