La Cruz de San Damián es un ícono
John Fleury
Ahora bien, querido lector, la cruz original actualmente se encuentra en la Iglesia de Santa Clara en Asís, Italia. Es enorme: de 2.10 metros de alto por 1.30 de ancho.
Te invito a entrar dentro del cuadro, y acercarte a la cruz.
A tu alrededor hay muchas personas:
— por arriba: Dios Padre y los apóstoles;
— a cada lado: María, la madre de Jesús, San Juan, María Magdalena, María la madre de Santiago, y el centurión; Longinos y Stephaton, los ángeles, los santos patrones y hasta el gallo.
Todos están mirando en silencio hacia el centro del cuadro… donde Jesús, el Hijo de Dios, ha conquistado la muerte y está volviendo al lugar que le espera: a la mano derecha de su Padre celestial.
Un Ícono
La Cruz de San Damián es un bellísimo ejemplo de un ícono, uno de aquellos cuadros profundamente espirituales que se encuentran en nuestra fe casi desde sus principios.
La finalidad de un ícono es llevarnos a la contemplación de Dios.
Un ícono es el fruto de un encuentro entre la técnica magistral y el genio original de un pintor en la cumbre de su profesión -envuelto en una meditación larga y profunda-, y claramente inspirado por el Espíritu de Dios.
La palabra griega ‘eikon’ significa ‘imagen’ o ‘representación’. Sin embargo, el pintor de íconos no solamente imita, o representa, sino que esencialmente corre el velo, derriba el muro de separación, hace comunicar "éste y el otro mundo". La imagen entiende la Presencia de Dios. Es, puede decirse, una “teología visible”, que ayuda a la oración y a la contemplación.
Aunque el padre Scanlan merece todo el respeto que se merece con este análisis y profundización sobre los elementos de la Cruz de San Damián, hay que recordar que en el siglo XII la gran mayoría del pueblo era analfabeto, y sin instrucción. Pero, sí, estaban acostumbrados a usar sus ojos para entrar dentro de un cuadro y vivir la realidad que se encuentra allí.
Todo ícono nos invita a entrar y participar dentro del cuadro. Es entonces, cuando estamos por dentro, que viene aquel momento que nos hace “parar en seco”.
El momento cuando -casi sin atrevernos a respirar-, queremos susurrar "Dios está aquí" y entrar en el silencio de una profunda contemplación.
El momento en “La Cruz de San Damián” es cuando nos damos cuenta que no es un crucifijo, sino que Jesús se ha despegado de la cruz y está subiendo al cielo. ¡Jesús está resucitando!
Ahora se entienden las reacciones de la gente en el cuadro. Ellos son testigos de lo que es imposible: ¡Jesús está vivo!
Jesús está resucitando… ¡Es la resurrección!
¡Jesús es Dios!
Reducido a un anonadamiento absoluto frente a un acontecimiento tan enorme, San Francisco se echó a la tierra, abatido, con todos sus sentidos “a punto”, y sintió que el Señor le decía: "Francisco, repara mi iglesia".
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San Francisco de Asís
San Francisco murió el 3 de octubre 1226, a la edad de 44 años, en la Porciúncula.
La tradición querría que la conocidísima imagen de san Francisco en el cuadro de Cimabue fuera la reconstrucción de las verdaderas facciones físicas del propio Santo, trazadas por el Maestro de acuerdo con una atenta descripción realizada por testimonios oculares
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“He suplicado al Señor que se digne manifestarme
cuándo soy su servidor y cuándo no,
porque no quería otra cosa que ser su servidor.
Y el Señor, en su bondad, se dignó responderme:
“Sabrás que eres en verdad mi servidor
si piensas, hablas y obras santamente.”
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