miércoles, 7 de julio de 1993

Miami - carta de Nidia y John

Miami 

Carta de John y Nidia 

    Nosotros fuimos a Miami al principio de julio para ayudar a la Comunidad. Actualmente, como la Comunidad de Miami está "entre casas" nosotros volvimos a la República para tomar un poco de descanso. 
    Miami es un lugar curioso, donde todos los problemas materiales parecen "resueltos" mientras hay un "sin-fin" de problemas espirituales que no se pueden imaginar. 

No hay “nativos” 
    La cosa que más se destaca es que no hay "nativos" en Miami - todo el mundo es un inmigrante, sea de Latinoamérica o de los demás estados de los Estados Unidos. ¡No encontramos ninguna persona adulta nacida en Miami! Claro que estábamos viviendo entre los que se llaman "latinos" Pero dentro de ellos encontramos un patrón de problemas común a casi cada persona con la cual rezamos. 
     Primero, había dejado su patria (por una serie de razones: guerra civil, terrorismo, inflación, comunismo, entre otras).
    Segundo, había dejado una gran parte de su familia atrás.
    Tercero, casi ninguno domina el inglés.
    Cuarto, son católicos en un país agresivamente protestante.
    Quinto, tienen tez oscura en un país donde el prejuicio racial está muy marcado. 
    Así que, la herida a fondo era la soledad potenciada por la inseguridad. 

Un pueblo herido 
    Habían dos heridas secundarias, muy comunes: 
    Primero, el huracán Andrés del año pasado, que hizo estragos en la parte sur de Miami donde vive la gran mayoría de los latinos. El trauma del huracán ha dejado su huella en casi todos por su increíble capacidad de destrucción. Todavía las reparaciones no están terminadas. El pueblo habla del huracán como del nacimiento de Jesús, es decir hablan de "antes de Andrés" y "después de Andrés". 
    Segundo, la herida entre los cubanos (que son por mucho la nacionalidad que más se encuentra) por la pérdida de su tierra por la revolución de Fidel Castro. Hay un extremismo entre algunos de los cubanos, un extremismo agresivo y vengativo, que me hace pensar que han perdido contacto con la realidad. Es muy triste ver este tipo de emoción entre católicos. 

La Droga 
    En Miami vivimos cosas insólitas. 
    Por un lado, encontramos que la droga es una realidad cotidiana en todos los niveles de la sociedad. Es normal encontrar "ex-adictos" en todos los grupos de oración. Llegamos a conocer un hombre de 39 año de edad, que llevó papeles declarándole incapacitado permanentemente de trabajar Cuando tenía 19 años, fumando marijuana, él hizo y tomó un "coctel" de drogas... las neuronas de su cerebro quedaron permanentemente "quemadas" y hasta el día de hoy, él se comporta como un niño de 11 años. 

Krome 
    Por otro lado, visitarnos el Centro de Detenciones "Krome" donde se llevan los "ilegales" que llegan por yola. Si son cubanos reciben "asilo político" automáticamente, pero si son de cualquier otro país, están deportados. Encontramos unos 40 dominicanos, procedentes de Monte Cristi, Santiago, San Francisco de Macorís, Nagua, La Vega, y varios barrios de la Capital. Algunos de ellos conocen la Casa de Belén y Visitación. (“Fifa” nos dice que muchas veces pasan por la Casa de Belén para pedir a Dios su protección antes de partir). Era una sensación curiosa, el invocar a Nuestra Señora de la Altagracia en tierra tan lejana, sabiendo que estábamos rezando con personas que volverían más rápido que nosotros mismos a la "Tierra más hermosa" para empezar de nuevo, pero con el peso de pagar la deuda de un viaje que no prosperó. 
    En el fondo del corazón hay un grito de protesta por las injusticias y la falta de equilibrio en la distribución de las riquezas que hacen que muchos arriesguen sus vidas mismas con el afán de escapar la penuria y salir adelante. 

    Un Rosario bilingüe 
    Finalmente queremos contarles como participamos en una protesta, rezando el rosario (en inglés, y después en español), parados en la acera en frente de una clínica donde se hacen abortos. Claro, que el dueño llamó la policía, y vinieron tres carros con sus luces haciendo vueltas, pero… ¡tranquilos! No estábamos rompiendo ninguna ley, ni estábamos interrumpiendo el tráfico, y estábamos más pacíficos, con un enorme cuadro de Nuestra Señora de Guadalupe presidiendo, y unas 200 personas orando con sus ojos cerrados y sus almas abiertas.
    Al final fuimos a saludar a los policías, algunos de los cuales, me parece a mí, no sólo estaban muy contentos de ver lo que estábamos haciendo, sino también estaban rezando con la boca cerrada. 
    ¿Por qué no podemos hacer algo similar aquí en la República? Hay tantas clínicas de aborción aquí en el país. Me dicen que se mata más de 60,000 personas por año, antes de que nacen. ¿Es que nadie se atreve a protestar?

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