lunes, 6 de febrero de 2012

Testimonio de María

Testimonio de María 

Queridos hermanos: 

     Son las 9:00 am 

    Desde esta mañana, como todos los años, este día es para mí́ de especial acción de gracias. Hace 39 años que, a las nueve de la mañana, 18 de enero del año 1973, el Señor, mirando mi miseria, me bañó con su Infinita Misericordia, y me sacó de la fosa fatal, del fango cenagoso. Por Su Gracia y Su Infinito amor, asentó́ mis pies sobre la Roca que es Su Corazón, y dándome una nueva mentalidad por la acción de Su Espíritu, cambió mi vida. 

    Han pasado 39 años. Si pudiera resumirlos de alguna manera, tendría que decir que han sido años de sentirme bajo la experiencia del “peso del amor de Dios”. Un amor de un Dios que yo desconocía, al que despreciaba y al que sentía lejano e inaccesible. 

    Pero el abismo que mi pecado había cavado entre Él y yo, aquel 18 de enero fue salvado por Su Misericordia. Ese día yo entendí́ que mi nombre era pronunciado por su boca y que también para mí había un puesto dentro de Su Corazón. 

    Estos 38 años han sido una experiencia de fidelidad. No de la mía, ¡no! - con tantas faltas vividas - sino una verdadera experiencia de la fidelidad de El hacia mí, el “superfidelísimo en el amar”, que un día me invitó a dejarme amar por El, como el mayor servicio que podía yo hacerle. Él es el perfecto amor y el amor sólo se sacia amando a la persona amada. Por eso mí vida sólo quiere ser dejar a Dios que ame a esta pobrecilla -aunque pueda ser que yo ni lo sienta- ¡No importa!... no es para saciarme yo, sino para que se sacie y se goce El, ya que siendo tan bueno, como se nos ha dicho, “recibe tantos desprecios a Su amor cada día”. 

    Como he tenido tanta dificultad de compartir con ustedes en comunidad, ahora con la enfermedad de Giova, he querido por este medio reunirme con todos, para darles testimonio de que, como nos dijeron los Obispos en Aparecida, Él es lo mejor que nos puede pasar en la vida, y que nada ni nadie vale la pena tener, a cambio de perderlo a Él. 

    Recordemos que “en Cristo, Dios nos eligió́ desde antes de la Creación del mundo, para vivir en el amor y estar en Su Presencia sin culpa y sin mancha”.  (Efesios 1) 

    Les invito pues a que vivamos para la realidad por la que fuimos elegidos y por la que hemos sido creados y vivimos: “para vivir en el amor, y estar en Su Presencia sin culpa y sin mancha”. 


NO PERDAMOS EL TIEMPO EN TONTERIAS Y DISTRACCIONES, CHISMES, DIVISIONES, CONTIENDAS, PALABRAS QUE SE PIERDAN EN EL AIRE - 


    “¡ La vida es corta !” - nos gritaba una vez el buen Emiliano. Se nos va como un soplo, y al final, como dice la Palabra... “SÓLO QUEDARÁ EL AMOR”. 

    Sepan, que aun de lejos, los pienso y les sigo amando con el mismo amor fraterno, pero a la vez maternal, que Él ha puesto en mi corazón para todos. 

    En unión de oraciones, en los Sagrados Corazones, 

    

    María Armenteros 


El Siervo # 240 – feb 2012

 

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