lunes, 4 de julio de 2011

Una introducción a la Contemplación

Suplemento especial

El Siervo # 233 - Julio 2011 

I. La oración

    ¿Qué es la oración?
    “Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría” (Santa Teresita de Niño Jesús). “La oración es la elevación del alma hacia Dios o la petición a Dios de bienes convenientes” (San Juan Damasceno).
    En su enseñanza, Jesús instruye a sus discípulos para que oren con un corazón purificado, una fe viva y perseverante, una audacia filial. Les insta a la vigilancia y les invita a presentar sus peticiones a Dios en su Nombre. El mismo escucha las plegarias que se le dirigen. (1)

    Tres expresiones de oración
    La tradición cristiana contiene tres importantes expresiones de la vida de oración: la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. Las tres tienen en común el recogimiento del corazón:

    1. La oración vocal
    Por medio de su Palabra, Dios habla al hombre. Por medio de palabras, mentales o vocales, nuestra oración toma cuerpo. Pero lo más importante es la presencia del corazón ante Aquél a quien hablamos en la oración. “Que nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas” (San Juan Crisóstomo). (2)

“¿Qué es esta oración? No es otra cosa ... 

a mi parecer, sino tratar de amistad, 

estando muchas veces tratando a solas 

con quien sabemos nos ama”.

Santa Teresa de Jesús

 o Santa Teresa de Ávila 

1515 –1582 Carmelita Descalza 

y Doctora de la Iglesia Católica.


    La oración vocal es la oración por excelencia de las multitudes por ser exterior y tan plenamente humana. Pero incluso la más interior de las oraciones no podría prescindir de la oración vocal. La oración se hace interior en la medida en que tomamos conciencia de Aquél “a quien hablamos” (Santa Teresa de Jesús). Entonces la oración vocal se convierte en una primera forma de oración contemplativa. (3)

    2. La meditación (4)
    La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el por qué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención difícil de encauzar. Habitualmente, se hace con la ayuda de un libro, que a los cristianos no les faltan: las sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, escritos de los Padres espirituales, obras de espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia, la página del “hoy” de Dios.
    Meditar lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo mismo. Aquí, se abre otro libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos que agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la verdad para llegar a la Luz: “Señor, ¿qué quieres que haga?”.
    Los métodos de meditación son tan diversos como los maestros espirituales. Un cristiano debe querer meditar regularmente; si no, se parece a las tres primeras clases de terreno de la parábola del sembrador (5). Pero un método no es más que un guía; lo importante es avanzar, con el Espíritu Santo, por el único camino de la oración: Cristo Jesús.
    La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar “los misterios de Cristo”, como en la “lectio divina” o en el Rosario. Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor Jesús, a la unión con El. (6)

    3. La oración contemplativa 
    ¿Qué es esta oración? «No es otra cosa … a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Santa Teresa).
    La contemplación busca al “amado de mi alma”. (7) Esto es, a Jesús y en él, al Padre. Es buscado porque desearlo es siempre el comienzo del amor, y es buscado en la fe pura, esta fe que nos hace nacer de él y vivir en élm. (8)
    La elección del tiempo y de la duración de la oración de contemplación depende de una voluntad decidida reveladora de los secretos del corazón. No se hace contemplación cuando se tiene tiempo sino que se toma el tiempo de estar con el Señor con la firme decisión de no dejarlo y volverlo a tomar, cualesquiera que sean las pruebas y la sequedad del encuentro.                           No se puede meditar en todo momento, pero sí se puede entrar siempre en contemplación, independientemente de las condiciones de salud, trabajo o afectividad. El corazón es el lugar de la búsqueda y del encuentro, en la pobreza y en la fe. (9)
    La contemplación es … una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su misterio. (10)

“El alma que anda en amor, 

ni cansa, ni se cansa”.
San Juan de la Cruz
1542 –1591, Carmelita descalzo 

y Patrono de los poetas. 


    Esta forma de oración, la contemplativa, no por ser la última que se trata es la menos importante. Al contrario, la oración contemplativa es un medio privilegiado para llegar a un conocimiento íntimo y experimental de Jesucristo que acrecienta y fortalece el amor a Él. Es, como dice el Catecismo, la expresión sencilla del misterio de la oración. Al mismo tiempo, es la oración de los grandes santos, verdaderos maestros de la unión con Dios: San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Santa Teresita, Santa Catalina de Siena, San Francisco de Asís, etc. Es un tipo de oración que, precisamente por su simplicidad, está al alcance de todo el mundo, independientemente de su temperamento o de su mayor o menor capacidad intelectual. Es aquella en la que resulta más fácil iniciarse con verdadero fruto, sin rutina.

“Ser contemplativo en la acción” 

San Ignacio de Loyola
1491 —1556, fundador de
la Compañía de Jesús (Los Jesuitas). 


II. La Espiritualidad de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo

    La espiritualidad de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo tiene tres dimensiones que son tan entremezcladas que es imposible separarles: la Contemplación, la Evangelización y la Transformación en Cristo. Sin embargo, la primera y la más importante es la Contemplación.
    Como escribió el Padre Jorge Bravo: 
    «Sólo un corazón contemplativo puede ser un corazón transformado, y sólo un corazón contemplativo y transformado, puede ser un corazón que evangeliza y proclama, en la fuerza del Espíritu, la buena nueva de Cristo Vivo y Resucitado.
Transformación y evangelización sin contemplación son imposibles. Podrá haber máscaras, apariencias y disfraces, habrá palabrería, quizá un derroche de organización y actividades, pero nunca el testimonio de un “corazón-testigo” que anuncia lo que ha visto y oído, palpado y contemplado del Verbo de la Vida. La contemplación es la fuente, el alimento, la garantía de la transformación que evangeliza. “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos, tocante al Verbo de vida, es lo que anunciamos, a fin de que viváis en comunión con nosotros” (11) ».
    En resumen, el Padre Jorge destaca la primicia en importancia de la contemplación, sin la cual las otras dos dimensiones de nuestra Espiritualidad no tienen sentido.

III. La Contemplación

    El término “contemplación” significa observar el cielo, del latín “templum” (espacio celeste delimitado), y “cum”, es decir: “observar los límites del templo celeste”. 
La contemplación es una forma de oración tan personal que cada persona lo explica en forma sujetiva y diferente:

Tres definiciones de la Contemplación
    1. La contemplación consiste ante todo en un estado tranquilo a los pies del Señor. 
    2. En la contemplación lo que se realiza primero es la experiencia de la cercanía de Dios y luego la experiencia de la comunicación de Dios, y Dios es amor.
    3. La contemplación lleva siempre consigo un estado de constante conversión al Señor. 

Tres definiciones del Contemplativo
    1. El contemplativo es aquél en quien ora el Espíritu.
    2. El contemplativo es como un “lecho sobre el cual y, a través del cual, corre el río del amor de Dios”. 
    3. El Contemplativo es la esponja que se va sumergiendo en ese mar del Espíritu para irse llenando de Él.

Cinco explicaciones de la Contemplación
    1. Santa Teresa de Jesús
    La búsqueda en nuestro interior o interiorización se fundamenta en un dato de fe: Dios nos inhabita, somos “templos del Espíritu Santo”. (12) 
    “Entra”, dice Santa Teresa, porque tienes “al Emperador del cielo y de la tierra en tu casa ... no hace falta alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí ... Llámese recogimiento porque recoge el alma todas las potencias (voluntad, entendimiento, memoria) y se entra dentro de sí con su Dios”.

“Para mí, la oración es un impulso del corazón, 

una sencilla mirada lanzada hacia el cielo,

 un grito de reconocimiento y de amor 

tanto desde dentro de la prueba 

como desde dentro de la alegría”.

Teresa de Lisieux

o Santa Teresita del Niño Jesús 

1873 – 1897 Carmelita Descalza 

y Doctora de la Iglesia Católica.


    2. Santa Teresita del Niño Jesús
    “Jesús te espera en la oración como un amigo espera a su amigo”.
    “No poseo el valor para buscar plegarias hermosas en los libros; al no saber cuales escoger, reacciono como los niños; le digo sencillamente al buen Dios lo que necesito, y Él siempre me comprende”
    “Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta”.
    “Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección”.

    3. Santo Tomás
    La contemplación es una anticipación de la Visión Beatífica. Es vivir de manera incompleta y sólo por un instante lo que Dios vive eternamente.

“No era tanto un hombre orante 

cuanto un hombre hecho oración”. 

San Francisco de Asís
1182 — 1226
Fundador de la Orden Franciscana.


    4. San Francisco de Asís
    No podríamos quizá encontrar mejor expresión para describir la experiencia viva de contemplación de San Francisco que la conocida frase de Celano: “No era tanto un hombre orante cuanto un hombre hecho oración”. (13) 
    Ante todo, nos conviene poner de relieve los misterios y fuentes que centran e inspiran la atención, la oración y la vida contemplativas de Francisco: 
    - Dios en toda su riqueza trinitaria. 
    - La Palabra de Dios, más concretamente en el Evangelio, que se convierte en su única “forma de vida”. 
    - La Eucaristía: porque para Francisco es la forma de estar siempre con nosotros y de renovar cada día el misterio de su encarnación. 
    - María: es el modelo e inspiración de una vida evangélica en entrega total a Dios. 
    - La creación entera: esto es obvio en Francisco, el cantor de las maravillas de Dios en la naturaleza; primero y sobre todo en sus hermanos los seres humanos.

    5. Ignacio Larrañaga ofm
Al contemplativo le basta estar “a los pies” del Otro sin saber y sin querer saber nada, sólo mirar y saber que es mirado, como en un sereno atardecer en que se colman completamente las expectativas, donde todo parece una eternidad quieta y plena.

¿Como hacer oración de contemplación? (14)
    1. Se requiere soledad y silencio:
    Hay que empezar por crear soledad. “Así lo hacía El siempre que oraba”, dice Santa Teresa. Soledad para entender “con Quién estamos”. Silencio del cuerpo y de la mente para buscar a Dios en nuestro interior. Es en el silencio cuando Dios se comunica mejor al alma y el alma puede mejor captar a Dios. En el silencio el alma se encuentra con su Dios y se deja amar por El.

    2. ¿Quién puede hacer este tipo de oración?
        Según Santa Teresa, la oración de contemplación es la “Fuente de Agua Viva” que prometió el Señor a la Samaritana, “Mirad que os llama a todos… no dijo a unos daré y a otros no”. (15)   Es decir, no dijo que daría de esta “Agua” a ciertos escogidos, sino dijo: “Todo el que beba de este agua, no volverá a tener sed”. (16)

    3. Nuestra participación en la oración
    La persona debe poner su deseo y su disposición, principalmente su actitud de silencio (apagar ruidos exteriores e interiores). El silencio aún no es contemplación, pero es el esfuerzo que Dios requiere para dársenos y transformarnos. Además, orar se aprende orando, “sin desfallecer”, como dice el Señor. La única forma de aprender a orar es: orar, orar, orar.

    4. La participación de Dios
    La participación de Dios escapa totalmente nuestro control y El -soberanamente- escoge cómo ha de ser su acción en el alma del que ora. En ese silencio de la oración contemplativa Dios puede revelarse o no, otorgando o no gracias místicas o contemplativas. Esta parte, el don de Dios, no depende del orante, sino de El mismo, que se da a quién quiere, cómo quiere, cuándo quiere y dónde quiere. A Santa Teresa se las daba por cantidad a Santa Teresita por poquitos. Decía ella “por charquitos”. La efectividad de la oración contemplativa no se mide por el número ni la intensidad de las gracias místicas, sino por la intensidad de nuestra transformación espiritual: crecimiento en virtudes, despego de lo material, entrega a Dios, aumento en los frutos del Espíritu, etc.
    La oración contemplativa es siempre una experiencia transformante, haya gracias místicas o no.

Cómo entrar en Contemplación
    Una vez al Padre Emiliano le pedió un periodista francés “Cuántas horas al día pasa Ud. en Oración?” El padre contestó “¡Yo qué sé!” y siguió, usando una frase de Santa Madre Juana de Chantal, “trato de mantenerme simplemente en la presencia de Dios”.

“Trato de mantenerme simplemente 

en la presencia de Dios”. 

Santa Juana de Chantal
o Madame de Chantal
1572 - 1641 Cofundadora de la 

Orden de la Visitación de Nuestra 

Señora (Las Salesas). 


    La contemplación es -sencillamente- buscar a entrar en la presencia y la gracia de Dios. Muchas veces basta con entrar en una capilla donde el Santísimo está expuesto, y ¡ya! todo lo del mundo se deja por atrás. En seguida se experimenta una pre-gustación del cielo al estar en Su presencia donde no hay tiempo, ni lugar ni distracción – todo es presencia y gracia. Sin embargo, para mucha gente la contemplación es fruto de la meditación.
    Hay muchas “puertas” que pueden llevarnos a través de la meditación hacia la contemplación. Aquí hay seis:

    1. La Eucaristía
    “Para ofrecer bien una Eucaristía se necesitarían tres eternidades: una para prepararla, otra para celebrarla y una tercera para dar gracias” (San Juan Eudes).
    “El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote” (San Francisco de Asís).

“Cuando estoy en el altar voy rápidamente a la consagración,

 pero cuando tengo al buen Dios en las manos no quisiera terminar...” 

San Juan Bautista María Vianney 

(El Santo Cura de Ars) 

1786 - 1859  Patrono de los sacerdotes


    “Cuando estoy en el altar voy rápidamente a la consagración, pero cuando tengo al buen Dios en las manos no quisiera terminar...” (San Juan María Vianney - El Santo Cura de Ars).
Hay dos momentos asombrosos en la Eucaristía, cuando el tiempo mismo “para en seco”, y los ojos de la contemplación enfocan sobre el infinito:
    — La lectura del Evangelio, cuando Nuestro Señor mismo nos habla con sus palabras y sus acciones.
    — La Consagración, cuando Nuestro Señor mismo hace acto de presencia en medio de nosotros.

    2. La Adoración
    La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho (17) y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal. Es la acción de humillar el espíritu ante el “Rey de la gloria” (18)  y el silencio respetuoso en presencia de Dios “siempre mayor” (S. Agustín). (19)   La adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad, y da seguridad a nuestras súplicas. (20) 
    La Adoración es una ante-sala a la contemplación. Viene un momento en la Adoración cuando no quedan palabras, ni canciones, ni gestos, ni lenguas. Todo es silencio, expectación, y un amor indescriptible. De allá es un paso pequeño a entrar en la presencia donde todo es gracia.

    3. El Rosario
    El Rosario ofrece la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre. Recitar el Rosario es contemplar con María el rostro de Cristo.

    4. Lectio divino
    Lectio Divina (latín: lectura divina, ‘lectura orante’ ) es la práctica de reflexionar y orar usando un texto bíblico. Consiste en cuatro partes: lectio, meditatio, oratio y contemplatio (lectura, meditación, oración y contemplación) que deben realizarse en silencio y contemplativamente. 
    Es una forma de meditar, e inspirar el aire del texto rezado, al tal extremo que el que ora deja el mundo nuestro de tres dimensiones para entrar en la infinita presencia de Dios.

    5. Íconos
Nuestra Señora de Altagracia
    La Virgen en el cuadro de Higüey nos invita a arrodillarnos humildemente y adorar a Él que está representado, durmiendo y respirando ligeramente en el pesebre. La adoración nos lleva a la contemplación, y la contemplación al deseo de estar presentes en la cueva, inmóviles como la Madre, velando al niño, amando al amor y estando en la presencia de Dios donde todo es gracia.

La Santísima Trinidad de Rublev
    El cuadro nos invita a tomar el lugar vacante en la mesa. El universo entero gira a su alrededor. Las tres Personas abren espacio para incluirnos en la estabilidad dinámica de la Santísima Trinidad, y contemplar con ellos al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, sacrificado en la copa.

La Cruz de San Damian
    Hay una ilusión óptica que es difícil a ver en una fotografía. Jesús esta clavado a la cruz, pero -a la vez- claramente está flotando en frente de la cruz. El pintor nos invita a unirnos a los ángeles y los santos en el asombro de ver a Jesús resucitando, y contemplar su gloria.

    6. Descanso en el Espíritu
    Al imponer las manos para recibir el “bautismo del Espíritu Santo”, uno de los fenómenos que puede ocurrir es el “descanso en el Espíritu”. De vez en cuando una persona deja de resistir la presencia de Dios totalmente. Este “deja de resistir” pasa al plano físico, y la persona “descansa”, cayendo suavemente al suelo.
    Es una experiencia de la presencia y la gracia de Dios, del amor de Dios, que solamente se puede definir como contemplativa. 

“El amor más fuerte y más puro no es 

el que sube desde la impresión, sino el 

que desciende desde la admiración”.

Santa Catalina de Siena 

1347 – 1380 Religiosa Dominica 

y Doctora de la Iglesia Católica


IV. La Contemplación en la CSCV

    La Comunidad está presidida por el Corazón de Jesús. Al contemplar su corazón vemos el amor que él tiene por todos sus hijos. De esta contemplación brota nuestra vocación de amor a los demás. (21) 
    El Sagrado Corazón de Jesús refiere al corazón como el resumen, concentración y destilación de todas las emociones y preocupaciones del Señor para con el mundo. Es representado por una corona de espinas y heridas, que simboliza el amor y el dolor de Jesucristo por todos y cada uno de nosotros. La fuente más importante de la devoción es Santa Margarita María Alacoque (1675 - 1690), a quien Jesús se le apareció varias veces. 

Los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús
    Para nosotros, Siervos de Cristo Vivo, con nuestra espiritualidad fundada en los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús, el camino preferencial hacia la oración contemplativa es la meditación sobre aquellos sentimientos, entre los cuales se encuentran: la Misericordia, el Perdón, y la Paz.

La Misericordia
    La Misericordia – del Sagrado Corazón de Jesús hacia su Padre
    Jesús, el amado, tiene un amor filial hacia su padre que no tiene límite ni condición. Es absoluto e irrevocable. Nada ni nadie puede separarle de la fuente y cumbre de su vida. Desde lejos contemplemos al amor y el amado, los dos amando eternamente.

    La Misericordia – del Sagrado Corazón de Jesús hacia mí
    Jesús, el amor encarnado, tiene un amor fraterno hacia mí que empezó antes de que le conocí, y jamás me ha traicionado. De cerca recuerdo mi vida en compañía de Jesús, contemplo su caridad, su benevolencia y su generosidad, y me extremo de gratitud.

    La Misericordia – del Sagrado Corazón de Jesús a través (y a pesar) de mi, hacia el prójimo
    Jesús, el buen pastor, tiene un amor pastoral hacia el mundo entero, especialmente hacia nuestros prójimos. De cerca le observamos trabajando en nuestro alrededor, contemplamos su generosidad y, reconociendo nuestra incapacidad de hacer más que imitarle pobremente, nos rindamos y le ofrezcamos “todo lo que tengo y todo lo que soy”, para hacer su voluntad.

El Perdón
    Numerosas veces Jesús no solamente perdonó los pecados de los que le buscaban, sino que -una y otra vez- enseñó “si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes”, y completó la enseñaza con la oración: “perdónanos nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. 
    En el momento culmen de su vida, desde la cruz, nos dio el ejemplo más exquisito: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
    Jesús nos dejó con una frase contundente: “Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados”.
    Y nosotros, anonadados por las implicaciones tan radicales que nos llaman desde la vida personal, nos postramos en su presencia para someternos a su misericordia y su perdón.
    Contemplamos el poder de sanación que lleva el perdón. 

La Paz
    Nuestra misión como Siervos de Cristo Vivo es ser pacificadora en todo momento. Nuestra vida se dedica a la construcción y la aplicación de la paz.
    El único signo seguro de la presencia de Jesús es “paz”. Cualquier otro signo podría ser imitado por el enemigo, pero “la paz que sobrepasa todo entendimiento” (22)   es exclusiva de Jesús. Sólo se experimenta la paz verdadera cuando Jesús hace acto de presencia, diciendo: “La paz sea con ustedes”. (23)    ¡La Paz es Jesús! (24)
    La insistencia en esta paz es tanta que San Pedro -en la casa de Cornelio- resumió toda la evangelización en una frase: “Dios... ha enviado su Palabra... anunciando la Buena Nueva de la paz por medio de Jesucristo”. (25)
    Es por esta razón que nosotros, como Siervos, estamos motivados a tomar el papel de “instrumentos de la paz”, y actuar como intercesores para promocionar justicia, perdón, reconciliación, y misericordia. Pues “el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo”. (26)  “Procuremos, por tanto, lo que fomente la paz”. (27)
    Y antes de salir al mundo, nos postramos frente a su presencia para buscar la gracia que nos llenará de paz. Contemplamos al Señor Jesús pasando entre nosotros, haciendo bien y dejando paz en sus huellas.


V. Nuestra Visión Fundacional
    La contemplación es la fuente, el alimento, la garantía de la transformación que evangeliza. “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos, tocante al Verbo de Vida, es lo que anunciamos, a fin de que viváis en comunión con nosotros”. (28) 
    Por eso, si eres Siervo de Cristo Vivo, necesitas un corazón contemplativo, un corazón que escuche, un corazón que obedezca, un corazón que sea transformado. Necesitas ser un corazón que ora. Y la oración está ya dentro de ti, porque el Espíritu Santo habita en ti. Descubre su presencia en tu interior. No apagues el Espíritu. No entristezcas el Espíritu. El viene en ayuda de tu debilidad e inspira la oración en ti.
    Ante todo y sobre todo, la oración personal. Tú a solas con Jesús, cortando toda otra comunicación y dando generosamente el tiempo para el encuentro a solas con El. Sentarte a los pies de Jesús como María; caminar con Jesús, camino de Emaús, y dejar que El te explique las Escrituras, y quedarte con El, y reconocerle en la Fracción del Pan; dar tiempo para ir tras Jesús, como Juan y Andrés, ver donde vive Jesús, y quedarte con El desde aquel día, y anunciar luego, lleno de gozo, a todo el mundo: “¡hemos encontrado al Mesías, a Aquel de quien hablaron los profetas en los Salmos y en todas las Escrituras!” (29) ...
    La Comunidad Siervos de Cristo Vivo no puede “permanecer fiel al misterio de su nacimiento” si no permanece fiel -viviendo por la oración su vocación contemplativa- a los sentimientos del Corazón de Cristo en los que tiene su origen, su fuerza y su vida. Solamente puede proclamar el Evangelio “en el Cenáculo y desde el Cenáculo”, es decir, en la fuerza del Espíritu, si permanece fiel a su vocación primera, la oración y la contemplación. Sólo un corazón contemplativo y transformado puede ser un corazón evangelizador.

“La contemplación es una anticipación 

de la Visión Beatífica. Es vivir de manera 

incompleta y sólo por un instante lo que 

Dios vive eternamente”. 

Santo Tomás de Aquino

1224 – 1274   Doctor de la Iglesia 


Llamado a la contemplación 
    Cada Siervo recibe su llamado a la contemplación por vocación. Es una respuesta a una llamada. Estamos llamados a que nuestra contemplación nos permita ser ecos de Sus Sentimientos. Llamados a contener y significar esos Sentimientos con nuestra propia vida. Llamados a que nos transformemos por nuestra contemplación, en una resonancia de Su Espíritu en el nuestro, para hacer resonar en nuestro diario vivir la majestad y Misericordia de un Dios Vivo. Estamos llamados a que nuestra vida de contemplación nos convierta, nos transforme, en el eco y la respuesta de Dios al mundo de hoy. Aceptemos el llamado a la contemplación para vivir de manera consciente la riqueza de Su Presencia. Una vida espiritual plenamente despierta, totalmente activa y completamente consciente de que esta viva.

VI. Nota Final
    El 25 de septiembre de 1513 Vasco Núñez de Balboa logró llegar a la cima de una cordillera en el sur de Panamá y divisar, lejos en el horizonte, las aguas de un mar desconocido cuya existencia ni se le había sospechado. Resultó ser el océano más grande del mundo, con anchuras y profundidades increíbles: el Mar del Sur. Hoy día, este mismo mar, -ya llamado el Océano Pacífico- sigue revelando sus riquezas.
    En forma parecida, queremos invitar el lector atrever a llegar a la cima de la cordillera que divide la Meditación de la Contemplación y divisar, lejos en el horizonte, las aguas de un mar desconocido cuya existencia ni se le había sospechado: la oración de contemplación. 
    Le invitamos a volver a leer estas notas, despacio, en un ambiente de recogimiento, y dejar que las brisas de este océano lejano -esperando a ser explorado- le invita a saborear la presencia de Dios. 
    No hemos pretendido hacer más que abrir el apetito por la oración contemplativa. Al remar océano adentro, le esperan profundidades inconcebibles, arrecifes insospechados, tempestades huracanadas, mares de tranquilidad y quietud, y horizontes de belleza inimaginables. 
    Le espera toda una vida contemplativa, una vida en abundancia.

La contemplación busca al 

“amado de mi alma”.

San Juan Crisóstomo

347 – 407, uno de los cuatro grandes 

Padres de la Iglesia del Oriente.

____________________________________________________

Notas
1/. Catecismo de la Iglesia Católica 2621 2/. CIC 2700 3/. CIC 2704 4/. Antes de ser nombrado Papa, el Cardenal Ratzinger subrayó la importancia de que toda meditación sea Cristo-céntrico, para evitar las distracciones superficiales que proceden de espiritualidades no cristianas. (15 de octubre 1989). 5/. Marcos 4 6/. CIC 2705 - 2708 7/. Cántico 1, 7; 3, 1-4 8/. CIC 2709 9/. CIC 2710 10/. CIC 2711 - 2719 11/. 1 Juan 1, 1-4 12/. cf. 1 Corintios 3, 16 13/. 2 Celano 95. 14/. Director Espiritual: Al lanzarse a la oración contemplativa, hace falta -como necesidad imprescindible- un director espiritual experimentado en discernir, o -como expresión mínima- un acompañante espiritual de la Comunidad en que puedes confiar absolutamente. 15/. cf. Juan. 4 16/. Juan 4, 13 17/. Salmo 95, 1-6 18/. Salmo 14, 9-10 19/. Salmo 62, 16 20/. CIC 2628. 21/. Visión fundacional 22/. Filipenses 4, 7 23/. Lucas 24, 36 24/. Efesios 2, 14 25/. Hechos 10, 34-36 26/. Romanos 14, 17 27/. Romanos 14, 19 28/. 1 Juan 1, 4 29/. Juan 1, 45

Las ilustraciones al principio y al fin son de los vitrales en la Iglesia "Jesús Resucitado", de la Escuela San Juan Pablo II.
____________________

Notas del Editor
    1. Una amiga -en toda inocencia- me pidió: “¿Qué es la contemplación?”
    Aunque hablaba con nuestras amigas en Engombe, no pude encontrar un texto sencillo. Así que confeccioné este “Introducción a la Contemplación” y le publicó como un suplemento especial en “El Siervo” # 233, de Julio 2011.

    2. La inspiración por VI Nota Final se encontró el poema de John Keats:

«Entonces me sentí como un observador de los cielos
Cuando un nuevo planeta aparece en su vista;
O como el gordito Cortés cuando con ojos de águila
Él divisó el Pacífico, y todos sus hombres
Se miraron el uno al otro, asustados:
En silencio, sobre un pico en Darién.»

«Then felt I like some watcher of the skies
When a new planet swims into his ken;
Or like stout Cortez when with eagle eyes
He star'd at the Pacific—and all his men
Look'd at each other with a wild surmise—
Silent, upon a peak in Darien.»

“On First Looking into Chapman's Homer” (1816).

_______________________

Ven Espíritu Santo,
envía tu luz desde el cielo. 
Padre amoroso del pobre; 
don, en tus dones espléndido; 
luz que penetra las almas; 
fuente del mayor consuelo. 

Ven, dulce huésped del alma, 
descanso de nuestro esfuerzo, 
tregua en el duro trabajo, 
brisa en las horas de fuego, 
gozo que enjuga las lágrimas y 
reconforta en los duelos. 

Entra hasta el fondo del alma, 
divina luz y enriquécenos. 
Mira el vacío del hombre 
si Tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado 
cuando no envías tu aliento. 

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo, 
doma el espíritu indómito, 
guía al que tuerce el sendero. 

Reparte tus Siete Dones 
según la fe de tus siervos. 
Por tu bondad y tu gracia 
dale al esfuerzo su mérito; 
salva al que busca salvarse 
y danos tu gozo eterno. 
Amén.

 

“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles 
y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya” 








No hay comentarios.: