domingo, 1 de febrero de 2009

Discernir lo mejor


 
Discernir lo mejor

Por P. Jorge A. Bravo M., S. J. 

CSCV esta a las puertas de las Asambleas para elegir sus “autoridades” generales y locales respectivas para el nuevo período de tres años, según sus Estatutos. 

Es el momento privilegiado para dar este paso en un ambiente de verdadero discernimiento personal y comunitario. Una Comunidad cristiana no puede construirse ni vivir ni actuar sin un creciente discernimiento de la voluntad del Señor. Buscar y hallar la voluntad de Dios, o caminar, como dice la Palabra, en su presencia, es la más honda necesidad de nuestra vida. Por eso brota de nuestro corazón la apremiante oración: “Muéstrame, Señor, tus caminos; haz que tus sendas pueda encontrar” (Salmo 25 [24], 4). 

¿Qué es discernir?

Discernir es, en general, distinguir entre una cosa y otra, entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo aparente y lo real, lo conveniente y lo inconveniente; lo que viene de Dios y lo que no viene de Dios.

¿Por qué discernir?

¿Por qué discernir? Por la ambigüedad de las situaciones, de los sucesos y fenómenos, de nuestros sentimientos y mociones internas, de nuestras decisiones. En muchas ocasiones no es fácil saber lo que debemos hacer, cómo debemos actuar, qué actitudes tener. Es una ingenuidad y puede llevarnos a error el pensar que, sin más ni más, todo lo que nos sucede o se nos ocurre viene del Espíritu Santo. “La experiencia del Espíritu Santo sucede en nosotros, pero no sin nosotros”. Cabe el que podamos ser engañados bajo apariencia de bien. Por eso debemos someternos al discernimiento de un buen director espiritual y de la Comunidad (1 Corintios 14, 29).

 Ni discernimiento "carismático"  ni "espiritual.

¿De qué discernimiento tratamos? No del “carismático” que es un don totalmente gratuito, una forma extraordinaria de reconocer, por revelación interior, entre otras cosas, la voluntad del Señor. El discernimiento carismático no es fruto de la ciencia, de un análisis intelectual; está unido al carisma de profecía y de ciencia, a la sabiduría del Espíritu. Y tiene también que ser sometido al discernimiento doctrinal, como todos los carismas. Como dice el Concilio Vaticano II “el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable, pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno” (1 Tesalonicenses 5, 19-21; Lumen Gentium 12). 

No tratamos tampoco del discernimiento espiritual en cuanto se refiere al conocimiento íntimo de la obra de Dios en el corazón. Tratamos del discernimiento en orden a tomar una decisión: elegir las autoridades de la Comunidad para un nuevo período. 

Discernimiento doctrinal o natural 

Tratamos aquí del discernimiento doctrinal o natural como arte o método para buscar y hallar la voluntad de Dios, mediante el uso correcto y querido por Dios de nuestro razonamiento natural iluminado por la luz del Espíritu Santo, según los criterios y la experiencia de los maestros espirituales de la Iglesia. 

Ambas formas suponen un ambiente de profunda y sincera oración, y que excluimos así, en nuestras decisiones, el proceder por razones “carnales” y desordenadas, como diría San Pablo. No podemos buscar ni elegir nuestras “autoridades” movidos por política humana de bandos y partidos que se buscan a sí mismos. 

Un modo evangélico de discernir

El discernimiento es personal cuando trata de buscar y hallar la voluntad o la acción de Dios en la vida de una persona determinada.

Es comunitario cuando lo hacemos en relación con una comunidad y comunitariamente. Todo discernimiento implica el hacerlo de un modo evangélico, es decir: con verdad, con libertad, con responsabilidad, con caridad. Muchas veces no vamos a buscar la verdad sino a imponerla. Buscar la verdad sin libertad no es evangélico, y no hay libertad cuando no se deja opinar a los demás. Buscar la verdad con responsabilidad, es decir, asumiendo las consecuencias. Buscarla con caridad, es decir, manteniéndose unidos en medio de las dificultades y las diferencias, buscando la manera de hallar la solución sin divisiones. Con humildad y sencillez.


Tres  Campos de Competencia

El grupo que discierne debe tener competencia particularmente en tres campos: 

- Competencia informativa: contar con información amplia y profunda sobre el tema de discernimiento. 

- Competencia consultiva: ser capaces de opinar positivamente sobre el tema. 

- Competencia decisiva: capacidad de decidir sobre el tema.

 Es comunitario cuando lo hacemos en relación con una comunidad y comunitariamente. Todo discernimiento implica el hacerlo de un modo evangélico, es decir: con verdad, con libertad, con responsabilidad, con caridad. Muchas veces no vamos a buscar la verdad sino a imponerla. Buscar la verdad sin libertad no es evangélico, y no hay libertad cuando no se deja opinar a los demás. Buscar la verdad con responsabilidad, es decir, asumiendo las consecuencias. Buscarla con caridad, es decir, manteniéndose unidos en medio de las dificultades y las diferencias, buscando la manera de hallar la solución sin divisiones. Con humildad y sencillez.

Actitudes fundamentales

Para poder hacer un buen discernimiento comunitario se requieren algunas actitudes fundamentales en el grupo: 

En el orden psicológico: ser personas capaces de comunicación madura, por tanto, ser capaces de expresarnos, de manifestarnos con autenticidad, con la capacidad de escuchar y de entender al hermano. 

En el orden espiritual: disponibilidad sincera, o lo que San Ignacio de Loyola llama “indiferencia”, que no es “no importarnos nada las cosas”, “pase lo que pase” o “un darnos lo mismo”, sino la actitud libre de todo prejuicio o determinación preconcebida para llevar el agua a su molino. Es un estar como “el fiel” de la balanza sin inclinarse ni a un lado ni a otro antes de conocer lo que realmente es o parece ser la voluntad de Dios. Dejar que Dios obre libremente y estar dispuestos a aceptarlo aunque sea contra mis deseos. Es la disponibilidad sincera. 

Proceso práctico del discernimiento comunitario 

1.- Proponer el tema: con exactitud, precisión, claridad y sinceridad. Que la Comunidad sepa exactamente de qué va a tratar y cómo. 

2.- Información indispensable, amplia, completa, sincera, que facilite a los participantes el opinar con verdad y acierto. 

3.- Momento de discernimiento personal: Cada uno en oración, con el corazón sin subterfugios ni condiciones, abierto al Espíritu Santo, que viene en ayuda de nuestra flaqueza, examina a solas el tema, los pros y los contras y ve delante de Dios, libre de prejuicios y consignas, hacia dónde se inclina la balanza debidamente iluminada por la fe, por la Palabra que es luz y vida. En ese ambiente de oración hace su decisión personal, previa y provisional. 

4.- Momento de comunicación comunitaria: cada uno expone a los demás el resultado de su discernimiento, y escucha el de los demás, tratando de comprenderlos. 

5.- Nuevamente cada uno, enriquecido por los aportes de la Comunidad, vuelve a la reflexión y decisión personal y la modifica, cambia o la mantiene pero enriquecida con la luz de la Comunidad. 

6.- Se tiene un nuevo plenario e intercambio más claro y definitivo hasta la decisión final de la Comunidad. 

7.- Se llega a la confirmación interna, fruto de consolaciones y desolaciones, y, por fin a la confirmación externa de la autoridad que ratifica y acepta definitivamente la decisión, como fruto de un verdadero discernimiento. 

Shema Yisrael Adonai eloheinu Adonai ehad 
(Deuteronomio 6: 4) 

La Palabra de Dios que ilumina el discernimiento 

1.- Romanos 12, 1-2: « No os acomodéis a este mundo; antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto. »

2.- Efesios 5, 9-20: « Caminad como hijos de la luz, probando lo que es grato al Señor. Por esto, no seáis insensatos sino entendidos de cuál es la voluntad del Señor. Llenaos del Espíritu. »

3.- Filipenses  1, 9-11: «Por esto, lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo en conocimiento y en toda discreción para que sepáis discernir lo mejor, llenos de frutos de justicia por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.» 

4.- 2 Corintios 11, 14: Cuidado con « Satanás que se disfraza de ángel de luz » es « padre de la mentira » (Juan 8, 44). Cabe que seamos engañados bajo apariencia de bien. « Por sus frutos los conoceréis » (Mateo 7, 20) 

5.- Primera Tesalonicenses 5, 19: « No apaguéis el Espíritu. No despreciéis las profecías. Probadlo todo y quedaos con lo bueno. 

6.- Salmo 25 [24], 4: « Muéstrame, Señor, tus caminos; haz que tu senda pueda encontrar. » 

7.- Hechos 6, 2-6: Un discernimiento comunitario bíblico: « Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: “No está bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los nombraremos para este cargo”. Pareció́ bien la propuesta a la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe.... Los presentaron a los Apóstoles e hicieron oración y les impusieron las manos... La Palabra de Dios iba creciendo...” ». 

Oración

    Señor, llena a tu comunidad Siervos de Cristo Vivo de la presencia viva, iluminadora y transformante de tu Santo Espíritu para este discernimiento. Tú inspiraste a nuestro corazón el anhelo de la Comunidad y pusiste ante nuestros ojos el modelo de la Comunidad en tu Corazón. Tú eres fiel y llevas tu obra hasta el final. Como Pablo te pedimos “que nuestro amor crezca más y más en conocimiento y en toda discreción, para que sepamos discernir lo mejor y seamos puros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia, por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1, 9- 11). 

Virgen de la anunciación, de Nazaret y de Caná, Virgen del discernimiento; enséñanos a hacer siempre lo que Jesús nos dice. 

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Nota del Editor: 

Preguntamos al autor: ¿Por qué “Virgen de Nazaret y de Caná”? Nos contesó: Ella es la que en Nazaret discierne, y la que en Caná nos enseña a ser dóciles a “lo que Jesús nos dice”. 

(Publicado en El Siervo No. 79, febrero 1997, y de nuevo en El Siervo No. 205, febrero 2009

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