Consagración al Sagrado Corazón de Jesús
Por María Armenteros
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús implica una total dedicación, compromiso y entrega de uno mismo a la Persona de Amor de Cristo.
Hay prácticas devocionales externas, como es la Consagración Diaria, que nos recuerdan esa total auto donación y esa respuesta interior profunda a Su Divino Amor.
Estar dedicado y consagrado al Sagrado Corazón quiere decir que estamos abiertos a que Él imprima su personalidad en nuestras vidas. Significa responderle amorosamente a medida que lo vamos experimentando, y aceptar Su Mensaje y Su Vida para incorporarla a la nuestra.
Si permitimos que pase esto, la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús será mucho más que palabras. El impacto de Su Vida en la nuestra, irá gradualmente produciendo un cambio en nuestra manera de pensar y de actuar, basada en esa Unidad que vamos adquiriendo con Dios y con los hombres.
Él llega a ser la principal fuerza y el motor de nuestras vidas.
Un ejemplo reciente de esto ocurrió en
el Papa Juan XXIII. Dice en su diario que cuando él recitaba las oraciones al Sagrado Corazón estaba respondiendo al Amor de Dios derramado desde el Corazón de Cristo.(1)
Cuando rezaba la Hora Santa decía siempre como jaculatoria: «Dulce Corazón de Jesús, ayúdame a amarte más y más».
El progresivo acercamiento de Dios al hombre
Cristo se define por el amor, amor manifestado en su acercamiento y comunicación, en cuanto Dios y en cuanto hombre, a nosotros.
La historia de la salvación no es más que un progresivo acercamiento de Dios al hombre que culmina con Cristo. Un Dios que no se cansa de buscar al hombre que como en el Paraíso, después de pecar, se le esconde. Ese Dios envía al Buen Pastor que buscará a la oveja perdida hasta encontrarla.
Como dejar de recordar en estos momentos históricos después de la muerte del papa Juan Pablo II, aquellas hermosas palabras que nos dejó en la Encíclica «Redemptor Hominis» (Redentor del Hombre) cuando dijo: «en Cristo, Dios se ha acercado definitivamente a todos los hombres».
Cuando el hombre es encontrado por Dios y empieza a experimentar en su propia vida este amor personal de Él en Cristo, no puede hacer otra cosa que tener una respuesta a ese corazón amante, y empieza a acercarse a Dios por medio de Cristo.
De una manera particular, este acercamiento se efectúa por medio de la consagración de toda su vida y de su ser que hace conscientemente cada día.
Consagración
Bíblicamente ser consagrado es convertir al hombre en «santo». La Consagración la hace Dios a el hombre.
Dios «separa» al hombre para El, para que tenga una relación especial con El.
Esta relación implica dos componentes: uno negativo, que consiste en apartarse del área de pecado, de todo aquello que repugna a la santidad de Dios; y otro positivo, a saber: el dedicarse a las cosas de Dios.(2)
La Iglesia primitiva tenía conciencia de
ser santa en el doble sentido: separada y distinta del mundo y del pecado, y consagrada positivamente al servicio de Cristo.
Por eso se llaman los cristianos «los elegidos»;(3) «los llamados»;(4) «los santos»(5).
El Cristiano está consagrado a Cristo por el bautismo: Dios realiza en el bautizado una transformación que lo hace santo, le inserta en la vida divina, le da un nuevo nacimiento, haciéndole hijo de Dios. Cristo toma posesión del bautizado, posesión expresada por la invocación del nombre de Jesús sobre el bautizado.
El Bautismo es el medio por el que Dios nos saca de la esfera de lo profano y del pecado y nos introduce en la esfera de lo divino: nos une a las tres personas de la Santísima Trinidad.
Consagración subjetiva
Ahora bien, tal consagración objetiva requiere un comportamiento que sea congruente con la nueva condición de hombres insertados en Cristo, que por Él han recibido la herencia de poder ser llamados hijos de Dios. A este comportamiento congruente podríamos llamarle consagración subjetiva.
Esta otra consagración (subjetiva) consiste en reproducir en nosotros la imagen de Jesús (tercera vocación del los Siervos de Cristo Vivo) puesto que Dios nos ha predestinado a ser «conformes a la imagen de Su Hijo».(6)
Esta imagen de Jesús es la imagen «todo amor». Y es que todos los momentos de la vida de Jesús son una revelación del Dios que es amor, como bien dice la palabra: «tanto amó ...” etc.(7)
Consiste pues esta consagración, respondiendo a la invitación de Jesús, en «ser perfectos como vuestro Padre de los cielos es perfecto».(8) «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso».(9)
La perfección consiste llevar a la propia vida el amor de misericordia, en imitar al Padre, que es misericordioso con todos, hasta con sus enemigos, los pecadores.
En fin, nuestra consagración al Sagrado
Corazón de Jesús consistirá en una decisión de:
— ser como el Padre: AMOR.
— Ser como el Hijo: AMOR, y
— ser como el Espíritu Santo: AMOR.
Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. (10)
Amor de imitación y de respuesta
Decimos que este amor debe tener dos características: el Amor debe ser de imitación y de respuesta.
Es amor de imitación: cómo el Padre ama, como Jesús ha amado. Amando a los enemigos, amando a todos, buenos y malos; justos y pecadores(11) amando hasta el sacrificio.(12)
Es amor de respuesta, porque Dios nos ha amado primero (13). Por eso le amamos a El y a nuestros hermanos. (14)
Este amor se manifiesta en cumplir la voluntad de Dios en el seguimiento de Cristo. (15)
Amar a Dios y amar al prójimo
La primera parte de la consagración subjetiva es consagrarnos a amar a Dios. La segunda parte es consagrarnos a amar al prójimo.
El amar a Dios y amar al prójimo va íntimamente ligado: «Si uno dijere ‘Amo a Dios’ y aborrece a su hermano, es un mentiroso. Pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ha visto.» (16) «Este mandamiento tenemos: que quien ama a Dios, ame también a su hermano. (17)
Es una realidad que palpamos en nuestra vida cada día: a medida que más nos acercamos a Dios, el nos acerca más a los hombres. Es la historia de los santos.
El Amor al prójimo es la respuesta al amor y misericordia de Dios.
Es también el cumplimiento de la Ley. Pablo resume la Ley en el amor del prójimo. (18) Es el vínculo de la perfección. (19)
Jesús introduce en el amor al prójimo innovaciones fundamentales: amar a todos los hombres, amar a los pecadores y a los pobres, amor radical, desinteresado y de donación.
Amor que todo lo perdona, todo lo espera, todo lo soporta (20)
Consagrarse diariamente al Sagrado Corazón de Jesús es consagrarse al Amor. Amor a Dios y amor al prójimo.
Es vivir en el amor y para el amor.
Para amar a Dios
y para amar a los hombres.
Notas
1 Juan 19, 31-37.
2 Levítico 19, 1. 1 Pedro 1, 14-16.
3 Romanos 8, 33. 2 Timoteo 2, 10.
4 Romanos 1, 6. 1 Corintios 1, 24.
5 Romanos 8, 27. 1 Corintios
6 2 Hebreos 6, 10.
6 Romanos 8, 29.
7 Juan 3, 16
8 Mateo 5, 48.
9 Lucas 6, 36.
10 Mateo 22, 34-40. Lucas 10, 25-28.
11 Mateo 5, 44.
12 1 Pedro 2, 21-23.
131Juan 4,19.
14 1 Juan 4, 11.
15 Juan 14, 15. 15, 21-23.
16 1 Juan 4, 20.
17 1 Juan 4, 21.
18 Romanos 13, 8-9.
19 Colosenses 3, 14.
20 1 Corintios 13.
(Tomado de "El Siervo" Número 60, Junio 1995)
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