lunes, 6 de enero de 1992

La Comunidad en Caltanisetta

El Nacimiento de la Comunidad en Caltanisetta 

Por: Anna Maria Tagliavore 
Fiesta de San Francisco de Asís. 

    Cuando, en noviembre de 1987, acompañé al P. Clemente enfermo con un tumor en el último estado, a la República Dominicana para encontrar al querido P. Emiliano, estaba confundida e inquieta porque había asumido una responsabilidad demasiado grande para mi capacidad humana. Los hermanos de la Renovación pensaban que el padre podría morir en el viaje o en Santo Domingo, y los amigos más íntimos no dudaban en decirme que era loca e irresponsable. Mi madre, con la mentalidad de corte antiguo siciliano, hablando conmigo en la presencia de mis cinco hijos – también ellos muy preocupados - me dijo que no era correcto que una señora sola y viuda, acompañase a un cura, aunque estuviera enfermo y casi moribundo. 
    Escuchaba todo de todo el mundo y callaba, porque sentí en mi corazón, especialmente en oración, que no podía rechazar, en el espíritu de la maternidad universal, la petición de un sacerdote que había gastado toda su vida por amor, y hasta sus últimos recursos físicos y de corazón, para buscar, acoger y rescatar a jóvenes desorientados de la cárcel de menores, que la policía entregaba para que se les alimentara de cuerpo y espíritu. 
    Decidí que lo acompañaría para sostenerlo espiritual y físicamente en aquel viaje inolvidable. Hoy sé, con absoluta certeza, que aquel viaje fue la voluntad de Dios, porque el P. Clemente recibió del Señor, por las oraciones y el poder de intercesión del P. Emiliano, una sanación interior poderosa que le quitó todas las preocupaciones sobre la obra que había emprendido: "La Casa de la Sonrisa" que todavía continúa viva y aumentándose. 
    Por mi parte, me quedé maravillada de la caridad espontánea y la simplicidad evangélica del P. Emiliano, y comprendí -a mi manera-, por qué nuestro Señor había encarnado el don de la misericordia en el corazón de este amado hijo suyo. 
    Aquellas horas fueron las más lindas de toda mi vida: de paz, reflexión y oración delante de Jesús Sacramentado en la Capilla de la Casa de la Anunciación; lejos de los ruidos de nuestras ciudades, y del engranaje de la vida nuestra tan distinta de cómo debe estar. Sentía que Jesús ponía orden en mi corazón, en mi vida, en mis decisiones; y también me dio el regalo de una profunda sanación interior de las muchas heridas que todavía quedaban por causa de la desaparición muy prematura de mi querido esposo. Jesús se metió en la llaga más profunda de mi alma, haciendo en mí una inversión total de los valores humanos que, vistos a la luz del evangelio, empezaron a tomar un plano secundario. 
    No tuve el valor de hablar de una vez al P. Emiliano, que veía siempre rodeado de criaturas con dificultades; pero hablé por toda una larga tarde con el Padre Jorge Bravo, un alma sacerdotal estupenda, único en la delicadeza de trato, que acogió cuanto yo decía con tanta comprensión. Decidimos orar, esta misma tarde, durante la celebración de la Santa Misa, para entender mejor la voluntad de Dios. Al fin, hablé un día con el P. Emiliano que, me acuerdo, acogió mis palabras con una de esas sonrisas que demuestran el tamaño de la paz en su corazón y de su confianza incondicional alimentada por el Señor. Me pareció que no tuviese dudas, y me dijo que podríamos hablar de nuevo en Rímini, Italia, en el Congreso Nacional de la Renovación en el Espíritu, donde estaba invitado para ejercitar el ministerio de sanación. 

    El 21 de abril de 1988 a las tres de la tarde el P. Clemente entraba en la Pascua de su Señor. 
    A las nueve de la noche de este mismo día, (en Rímini) el P. Emiliano recibió, por primera vez, a todos aquellos que habían contestado la llamada del Señor, con una amabilidad tan paternal y gozosa que quedó marcada por siempre en el corazón de todos aquellos hermanos. 
    Todavía hoy, a pesar de las dificultades de un camino poco fácil por muchas razones, todos los de aquel día pertenecen a la Comunidad. En las instrucciones preciosas que el Padre dió a la Comunidad naciente, nos habló largamente de la adoración, contemplación y evangelización que constituyen la espiritualidad de los Siervos, básico a la vida de un Siervo. A través del tiempo hemos comprendido que sin la luz que viene de la Santa Eucaristía, sin los silencios entre el Creador y sus criaturas, no se escucha la voz del Maestro que habla al corazón, y nos demuestra la razón profundísima para hacerse pequeños siervos preparados para seguir y servir al Cristo Señor que vence al mundo con el despojarse por el hermano. 
    ¡Cuántas cosas comprende un alma que hace una larga experiencia de silencio delante del Señor! 
    Cuando decía: "El Señor me hizo entender", puede que el 'pobrecillo de Asís' -el Santo Patrón de nuestra Comunidad - lo entendiera adorando el amor no-amado. 
    Aunque es difícil cambiar una mentalidad, un modo de ser, cuando el Maestro habla al corazón, instruye, aconseja, educa, regenera, hay verdaderamente el poder de hacer todas las cosas de nuevo. 

     Hoy día, a la distancia de tres años del inicio, podemos decir con serenidad que, a pesar de tener algunas dificultades, siempre se ha superado por el amor de Jesús, que nos ha amado primero, el camino real y fructifico. 
    Al principio la casita, céntricamente ubicada, pero pequeña y pobre, estaba abierta para la adoración del público por pocas horas al día. Hoy día todas las tardes los hermanos se alternan en el servicio a nuestro Señor. La Casa queda abierta toda la tarde, y hay posibilidades de aumentar el tiempo y abrirla también por la mañana porque la Comunidad crece rápidamente. Se está verificando aquello que se lee en Hechos 5, 14: "un número cada día mayor de hombres y mujeres se unían al Señor mediante la fe". 
    Los Siervos -en los días que no tienen compromiso en la Casa-, trabajan en los hospitales, evangelizan y sirven en la cárcel, animan grupos de la Renovación en el Espíritu, dan catequesis en la Iniciación Cristiana en la parroquia, y llevan la Eucaristía a los enfermos. Tres están como miembros del sínodo diocesano que empezó hace un año y concluirá entre cinco o seis años. Está en diálogo un proyecto que pusimos en oración a todos los de nuestra comunidad -ya hemos hablado con el P. Emiliano (que se encontraba en Los Ángeles), quien escuchó y aprobó la iniciativa-, la celebración de la Santa Misa en la Casa de la Anunciazione los Jueves y la formación de los Siervos, según el espíritu de la constitución que encargaremos a un sacerdote muy piadoso y bien preparado. 
    Que el Señor bueno y misericordioso, que nos ha llamado a su servicio sin tener ningún mérito por parte nuestra, nos auxiliará en nuestras necesidades, decisiones, y problemas. Entregamos todo al Sagrado Corazón de Jesús, centro e inspiración de nuestra vida y de la Comunidad. 

 (Adaptado de una traducción hecha por Ángelo) 
El Siervo No. 20, Enero 1992

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