miércoles, 1 de noviembre de 2006

La monjita anciana

La monjita anciana

Por John Fleury s.c.v.


Nuestro 24˚ aniversario.
Unas reflexiones sobre dónde estamos 

y lo que estamos haciendo 

Nunca olvidaré las palabras de la monjita anciana sentada a mi lado. Estábamos en la azotea de su convento, compartiendo el silencio del atardecer. Todavía se podían ver los rayos rojizos desapareciendo en el oeste, y unos últimos pájaros aleteando con urgencia hacia sus casitas antes de que cayera la noche. 

“¿Sabes una cosa?” me dijo, “en la Iglesia toda congregación, todo movimiento y toda comunidad tiene un ciclo de vida con tres épocas muy distintas. Primero son kerigmáticas. Poco a poco se convierten en catequéticas. Y finalmente llegan a ser poco más que custodios de su propio historia”. 

Y, con una precisión pautada, ella explicó: “Cada comunidad comienza con una visión eminentemente kerygmática. Los fundadores -inspirados por el fuego del Espíritu-, anuncian la Buena Nueva de Jesús a tiempo y destiempo. Toda su energía está dedicada a buscar la conversión de los que les escuchan. 

Su vitalidad es tan atractiva que dentro de muy poco acuden otras que quieren compartir la misma visión. Y con los nuevos miembros vienen también gente con una preparación excelente. Son los catequistas.

Poco a poco los catequistas -por estar tan bien preparados-, reciben cargos y suben en la jerarquía de la comunidad. Y poco a poco, casi desapercibida, su influencia hace que la comunidad deje el fuego del kerygma y se convierta en una comunidad de catequistas

Y finalmente, al reconocer las glorias de sus fundadores, invierten más y más tiempo y energía en conservar sus memorias, hasta que los que queda de la Comunidad son poco más que curadores dedicados a la conservación de una “memoria”. 

¿Y nosotros?

Esta conversación con la monjita, que ocurrió́ hace años, viene a mi memoria al pensar en nuestra comunidad en los umbrales de nuestro 24˚ aniversario. ¿Dónde estamos nosotros hoy? ¿Somos todavía evangelizadores kerygmático, predicando con el poder del Espíritu Santo? 

Siempre recuerdo como el Padre Emiliano nos decía: “Un verdadero evangelizador es el que presenta su testimonio personal... y puede dar fe de que Jesús está vivo, porque ha tenido un encuentro personal con El”. 

En otra ocasión nos dijo: “Quiero que todos los miembros de mi equipo hagan su prédica basada en su propio testimonio. Mas, los que no quieren usar su propio testimonio, pues que vayan a predicar en otro equipo”. Suena un poco duro escrito en blanco y negro, pero para el Padre Emiliano el testimonio era así de importante. 

¿Y lo de los catequistas? 

Hay que reconocer que es muy fácil dar una catequesis. Solamente hay que estudiar, organizar sus pensamientos, salpicar la enseñanza con unas citas, chistes y anécdotas, y ¡ya! 

Pero hay un detalle que no se nos puede escapar... ¡todas las parroquias del mundo ya tienen catequistas! 

El kerigma 

A la vez, el kerigma es muy difícil de proclamar. Hace falta desnudarte espiritualmente, compartir las experiencias más íntimas y revivir los sentimientos más fuertes de tu vida. El costo emocional es alto. Personalmente se me hace imposible predicar sin llorar. Pero el objetivo es claro: buscar que los que te oigan crean que una vida nueva es posible. Al terminar, esperamos no un aplauso, sino lágrimas entre el público, lágrimas que solamente se pueden apagar con una oración invocando el Espíritu para que se derrame sobre aquellas almas afligidas. 

Ahora bien, nuestra visión es, ha sido y siempre debe ser kerygmática. Si no es así, perderemos la misma esencia de nuestra espiritualidad. Somos Siervos de Cristo Vivo y proclamamos que ¡Jesús está vivo! 

La segunda y tercera época 

Creo que no hemos llegado todavía a la segunda época de que hablaba mi monjita anciana, ¿no somos catequistas, verdad?  Y respeto a la tercera, ni pensar que hemos llegado allí.

24 años 

Estamos entrando en el 24˚ aniversario de nuestra vida comunitaria. Vale la pena a esta altura examinar nuestra espiritualidad y nuestro porvenir. 

______________ 

La Compasión

Curiosamente la palabra “compasión” -difícil de definir pero imposible de negar-, siempre ha estado flotando como una aurora alrededor de nuestros ministerios, como si fuese una cuarta dimensión de nuestra espiritualidad. 

-      En ninguno de nuestros ministerios se le ha sentido tan fuertemente como en la intercesión.

-      El Padre Emiliano me dijo que el Teléfono de Oración era un ministerio de compasión, y yo dije, también de evangelización.

-       Para no llamar la atención, Nidia y yo llamamos “Compasión” a nuestro ministerio en La Feria.

Conclusión 

La finalidad de estas reflexiones es hacernos pensar en quiénes somos y qué es lo que estamos haciendo. 

Es una llamada a volver al primer amor, a mantener nuestra visión original y a no distraernos con cosas que otros pueden hacer mejor. A la vez es una llamada para afinar nuestros objetivos y simplificar nuestros ministerios. 

Sin embargo, por encima de todo, es preciso recordar que cada uno de nosotros tenemos una experiencia única: un encuentro personal con Jesús. ¡Ay de nosotros si olvidamos, si descartamos o si simplemente dejamos de evangelizar!

 

(Adaptado de un artículo en El Siervo, No. 181, Noviembre 2006)

 

 

No hay comentarios.: