viernes, 1 de junio de 2007

Tres días en Junio - El traslado

Tres días en Junio 

El traslado de los restos del padre Emiliano 

    Junio del 2007 
    Si hubiese estado vivo, el padre Emiliano habría cumplido ya 79 años de edad el pasado día 6 de este mes. 
    Estábamos reunidos en Santiago, en el cementerio que originalmente se llamó “del Ingenio”. El cielo -limpio y azul- nos prometió un día de mucho calor. 
    Hace cinco años, el Ayuntamiento -con una intuición teológica asombrosa- le cambió el nombre del cementerio por el de “Jesús está vivo”. ¿Pueden imaginar un título más apropiado para un cementerio: la promesa central de nuestra fe expresada en el lugar donde más hace falta proclamarlo? 
    Es aquí -en el panteón de los “Misioneros del Sagrado Corazón”- donde se habían depositado los restos del padre Emiliano el 13 de junio de 1999, muerto en “olor de santidad”. Ahora -prestando atención exacta a las exigencias de la ley dominicana y las normas de la Iglesia- estábamos comenzando el proceso de exhumar sus restos. 
    Reunido frente al nicho, empezamos con una oración dirigida por Mons. De la Rosa, el Arzobispo de Santiago. Después vinieron los trámites formales del Canciller de la Arquidiócesis y del Notario Público y las orientaciones técnicas del Patólogo Forense. Entonces vino el sonido seco de los golpes del martillo y del cincel cortando el silencio matutino que reinaba en el campo santo. 

La placa que indicó el lugar de descanso del padre Emiliano Tardif durante ocho años. 

    El cemento alrededor de la placa cedió. Se quitó la placa y la reja, y apareció de nuevo la caja que habíamos depositado allí hacen ocho años. 
    Con una profesionalidad y una dignidad admirable, la gente de la Funeraria Blandino llevó el ataúd al carro fúnebre, y salimos detrás de ellos en una caravana discreta, dejando el silencio envolver con sus memorias al nicho vacío. 
    Escribió San Pablo: “Ninguno… vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo… Si vivimos, ... si morimos, ... somos del Señor” (Romanos 14, 7s). 
    Ha sido un día muy intenso: emociones, silencios, lágrimas, y materia para meditar por mucho tiempo: la imposibilidad de la inmortalidad; del polvo venimos y al polvo vamos; lo transitorio de la vida humana; la cotidiana tan efímera; el nicho que Dios nos ha preparado en su gran plan; la pequeñez de nuestra contribución… ahora más que nada necesitamos la presencia cercana de un Dios que nos entiende y nos ama incondicionalmente: un Jesús que está vivo. 

La Familia Tardif en la habitación del padre Emiliano
Diane, la hija de doña Rose (y sobrina del padre Emiliano),
Adrien Tardif, Armandine Tardif, Rose Tardif, Charles (el esposo de Diane)
y Sor Adrienne Tardif. La foto es de la madre de ellos,
Anna Tardif (née Larochelle). misionera. 
    La Familia 
    Tres días antes fuimos a recibir a la familia del padre Emiliano, llegada de Canadá para presenciar el traslado de sus restos. El padre Emiliano quería con singular afecto a su familia. 
    Vinieron cuatro hermanos: 
    Sor Adrienne Tardif, quien es una religiosa, una “Souer de Notre Dame Auxiliatrice à Rouyn-Noranda". 
    Adrien Tardif, que tiene un parecido asombroso a su hermano el padre Emiliano, tanto en su cara como en sus gestos.
    Armandine Tardif, quien es la hermana más pequeña en estatura y, a la vez, la de más edad. 
    Rose Tardif, la hermana que, en 1973, llevó un grupito de carismáticos al hospital para orar por la sanación del Padre Emiliano. 
    Con ellos vino Diane, la hija de doña Rose (y sobrina del padre Emiliano) y su esposo Charles. Tienen cinco hijos. Charles es diácono permanente desde hace 26 años. 
    Con una inocencia simpática, nos contaron cómo el padre Emiliano, en sus visitas a Canadá les había enseñado una canción en español que se canta así: “Alabaré, Alabaré, Alabaré a mi Señor”. 
    
    El día 8 de junio, el aniversario de su muerte 
    Cuando el padre Emiliano daba un retiro para sacerdotes en San Antonio de Arredondo, Argentina en el año 1999, la muerte le sorprendió. 
    El día 8 de junio del año 2007 era el octavo aniversario de su fallecimiento. 
    A mediodía, la familia acudió a la capilla cerrada, para orar por “Emilien” como ellos le llaman. Son gente sencilla y profundamente religiosa. Se acercaron a la caja formando un medio círculo y en voces bajas cantaron la canción “Il a fait merveilles pour toi et pour moi” y rezaron un Ave María. 
    Un poco más tarde se bajó el ataúd a la calle y “todo Santiago” acompañó al padre Emiliano, andando despacio bajo el sol aplastante de la tarde a lo largo de la Calle Del Sol hacia la Iglesia de la Altagracia donde -hace 51 años- el padre Emiliano empezó a desarrollar su vocación de misionero. 
    Al atardecer, Mons. De la Rosa, el Arzobispo de Santiago, celebró una “Misa de Cuerpo presente”. La Iglesia grande de la Altagracia estaba llena, y rebozaba la gente hacia los alrededores. 
    En su homilía Mons. De la Rosa diferenció entre la salvación (que se puede alcanzar meramente con cumplir con los mandamientos), y la santidad. La santidad es una entrega total. La santidad es la búsqueda de la perfección en el amor.
    “Nosotros estamos aquí, recordando al padre Emiliano Tardif, no solamente porque alcanzó la salvación eterna, sino porque él murió en olor de santidad.” “Hoy nosotros estamos aquí reunidos, no por sus carismas, sino por que él murió con “fama de santidad”, es decir, murió como un hombre que ejercía carismas pero que al mismo tiempo ejercía la virtud del amor, la fe, y la caridad y quiso vivir de manera perfecta”. 
    “El padre Emiliano Tardif va a invitarnos a que imitemos su vida de santidad, su amor a Dios, su entrega, su alegría, su vivencia del Espíritu Santo, su paciencia, su fe, su esperanza, su caridad. Esto es lo que el Señor quiere.” 
    “¿Cuántas veces al final de una homilía yo pido aplausos? Tengo ganas inmensas que aplaudamos a Dios por la vida del Padre Emiliano. Aplaudamos a Dios, no al Padre Emiliano…”
    (Se interrumpió la homilía con un aplauso de 1 minuto 56 segundos, que vino y fue como olas en una playa, y solamente terminó cuando toda la iglesia ya estaba de pie aplaudiendo fervorosamente). 

    El día 9 de junio 
    Se abrió la Iglesia de la Altagracia a las seis de la mañana.
    Juntos rezamos laúdes como tantas veces lo habíamos hecho en su vida, al lado del padre Emiliano. Después rezamos El Rosario y la gente empezó a llegar. 
    Sería un día de muchas emociones mezcladas. Por un lado la realización de un sueño deseado desde hace mucho tiempo, y por otro, los recuerdos dormidos, ya despertados, de un amigo de muchos años ya separado de nosotros por la muerte.
    Es en los detalles, muchas veces, que se ve la verdad de las cosas: como la señora que se arrodilló frente al ataúd, desenrolló una bandera haitiana, y con gestos que hablaban más que mil palabras pidió al padre Emiliano interceder por su país; o como la joven que quedó parada en silencio por largo rato, los ojos cerrados, y las lágrimas corriendo por sus mejillas.
    A las 7:30 am el Padre Rafael Rodríguez MSC, el Superior Provincial de los Misioneros, celebró la misa, e invitó al Padre Darío Taveras MSC a pronunciar la homilía. 
    Dirigiendo la palabra al ataúd, el Padre Darío dijo: 
    «Padre Emiliano, tu familia, tu gran familia está hoy aquí completa, unida, compacta. Da la impresión de que no falta nadie. Algunos han venido desde muy lejos y nos encontramos codo a codo, en esta iglesia de La Altagracia de Santiago, donde tú te iniciaste, hace 51 años, a la vida misionera junto a los Padres París, Santiago y Romano, que te acogieron y empezaron a darte práctica de la cultura dominicana. Uno de los detalles que más te llamaron la atención fueron las voces de las “marchantas” que anunciaban por las calles la verdura, los huevos, los plátanos, etc. Todo resultaba nuevo para ti, discípulo y misionero aprendiz. Como acaban de decir los obispos en “Aparecida”. 
    Tu primera visita pastoral a una comunidad rural fue a Canabacoa, la víspera de Las Mercedes. Antes de llegar a Canabacoa, el Padre París te pasó por Licey, donde te conocí un 23 de septiembre de 1956. Con qué sabor contaste en una carta a tus compañeros de Canadá los detalles de tu primera jornada misionera, en la que tuviste que decir como el profeta Jeremías “Yo no sé hablar”.» 
    
    Una caravana a Santo Domingo 
    Terminada la misa, se llevó el ataúd al carro fúnebre, y salió nuestra caravana hacia Santo Domingo a 150 kilómetros de distancia. 
    A lo largo de la trayectoria de casi tres horas se sumaron a la caravana más y más vehículos, proveniente de los distintos pueblos. Llegamos a la capital, encabezado por dos motociclistas “franqueadores” y dos carros de la AMET, (la Policía de Tráfico), con sus luces de emergencia, y una cola tan larga que fue imposible contar cuantos autobuses y carros estaban detrás de nosotros. 
    Estábamos mostrando que en este mundo lleno de figuras de distintos tonos de gris, existen hombres esencialmente buenos, capaces de pasar entre nosotros haciendo siempre el bien..
       
    Santo Domingo 
    Para cumplir con las normas de la Iglesia, no habíamos anunciado los actos del traslado a los medios de comunicación. Sin embargo, más de dos mil personas estaban presentes para recibir al padre Emiliano en la obra última y -quizás- una de las más importante de su vida, la Escuela de Evangelización “Juan Pablo II”. 
    La Escuela es la “madre” de unas 12 otras “Escuelas de Evangelización” dentro y fuera del país. Tiene una capacidad para alojar al menos cinco cursos a la vez, y hasta 450 personas para dormir. 

Los restos del padre Emiliano descansan
en la cripta de la Iglesia Jesucristo Resucitado
en la Escuela Juan Pablo II. 
    Nosotros habíamos planificado construir una “capilla” para la Escuela. Pero, con la intervención del Señor Cardenal, la capilla pequeña se convirtió en la Iglesia de “Jesucristo Resucitado”, con una capacidad por 720 personas, y –única entre las iglesias del país- una cripta por abajo del altar mayor. 

Silencio en la Iglesia de "Jesucristo Resucitado"
donde se esperan los restos del padre Emiliano. 

    Allí en la nueva iglesia, recién dedicada a Jesucristo Resucitado el 19 de mayo, recibimos al Padre Emiliano. 
    De nuevo -como en Santiago- se formó una cola larga de gente que, de manera recogida, lentamente se fueron acercando al ataúd para rendir sus homenajes particulares al hombre que era sacerdote, confesor, amigo y evangelizador. 

    Inicio del proceso de consultas para la canonización 
    Por la tarde Monseñor Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez presidió una misa concelebrada por 2 Arzobispos, 2 obispos auxiliares, unos 20 sacerdotes, y otros 40 diáconos (incluyendo 12 de nuestra comunidad). La Iglesia, el auditorio y el parqueo (techado con carpas enormes) se llenaron con invitados, amigos, colaboradores y Siervos provenientes de lo largo y ancho de nuestro país, y de Italia, España, Colombia, Panamá, Puerto Rico, y EE.UU. Además, vinieron amigos y colaboradores de México, Aruba y Haití. 

Misa de Cuerpo Presente La iglesia estaba llena.
Muchas personas solamente podrian seguir la misa
por las pantallas en el auditorio y el parqueo

    Los que no pudieron sentarse en la Iglesia misma asistieron a través de diversas pantallas de retro-proyección o plasma en el auditorio y el parqueo techado. 
    No sería posible escribir la biografía de persona alguna, entre las presentes, sin mencionar al Padre Emiliano. Su nombre se ha escrito en las vidas de todos ellos y de tantas personas más.
    En su homilía Mons. Nicolás anunció que iniciará el proceso de consultas para la canonización del Padre Emiliano Tardif:
    “Como muchas personas con frecuencia me han preguntado sobre mi disposición como Cardenal Arzobispo de Santo Domingo con relación a la posible Causa de Canonización del P. Emiliano, hoy puedo decirles que el primer paso es pedir la autorización a la Congregación para las Causas de los Santos para iniciarla, suponiendo que los Obispos de la República Dominicana están de acuerdo, como también los Superiores de los Misioneros del Sagrado Corazón. 
    Procederé de inmediato a consultarles sobre este asunto y apenas tenga su respuesta me dirigiré al Eminentísimo Prefecto de la Congregación, Señor Cardenal José Saraiva Martins, C.M.F., solicitando su anuencia para comenzar oficialmente el proceso diocesano”. 
    La multitud irrumpió con un aplauso emocionado. Yo, personalmente, me encontré sollozando. 
    Continuó el Sr. Cardenal: 
    “Pero es muy importante que nadie se adelante a emitir juicios antes de que la Iglesia se pronuncie sobre preguntas, gracias o favores recibidos aquí. Esto lo único que logra es complicar innecesariamente el proceso en la fase que nos toca como Arquidiócesis de Santo Domingo”. 
    Además el Sr. Cardenal ofreció a los Misioneros del Sagrado Corazón la responsabilidad de nombrar el capellán de la Iglesia “Jesucristo Resucitado”, diciendo: “me permito sugerir a los muy apreciados Misioneros del Sagrado Corazón que tengan a bien ponderar la posibilidad de hacerse cargo de la actual iglesia dedicada a Jesucristo Resucitado. Y así atender a las personas que, repito, vendrán a testimoniar su gratitud al P. Emiliano.” 

Terminada la “Eucaristía de cuerpo presente”,
trasladamos el ataúd hacia la cripta abajo.

    La cripta 
    Terminada la “Eucaristía de cuerpo presente”, trasladamos el ataúd hacia la cripta abajo donde, con las oraciones de lugar, el Cardenal presidió la “inhumación”, sellando el ataúd con lacre y su anillo episcopal. 

Monseñor Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez presidió una misa
concelebrada por 2 Arzobispos, 2 obispos auxiliares,unos 20 sacerdotes,
y otros 40 diáconos (incluyendo 12 de nuestra comunidad). 

    Finalmente se cubrió la cripta con una enorme pieza de mármol de 2000 libras de peso. 
    Desde ahora, allí descansarán los restos del padre Emiliano, en un ambiente de discreto buen gusto. La sencillez de la cripta es un fiel reflejo de la vida de este sacerdote, un hombre extraordinariamente normal que pasó en medio de nosotros haciendo el bien. 

    El día después 
    La primera misa celebrada en la cripta, a las 7:30 am del domingo 10 de junio, la ofició Mons. José Domingo Ulloa, obispo auxiliar de Panamá. Se puede entender con este acto fortuito que el Padre Emiliano no pertenece solamente a los dominicanos, sino a todo el mundo, representado en este caso por un obispo de Panamá, el ombligo de las Américas y el eslabón que conecta los océanos del Atlántico y el Pacífico.
    Dedicamos el día entero a un retiro kerygmático (claro) en la nueva iglesia, con algunas prédicas inspiradas, ilustradas con testimonios llamativos, dadas por algunos de nuestros Siervos que vinieron de otros países. Terminamos con una misa presidida por el Padre Víctor Masalles, seguida por una oración por los enfermos compartida por el Padre Víctor, María y Pura. El Señor confirmó las prédicas de la mañana con señales visibles de sanación. ¡Gracias Señor! 

    Conclusión 
    Pensándolo bien, si la Comunidad hubiera sido meramente una idea del Padre Emiliano, habría muerto con él. El hecho de que la Comunidad siga creciendo es prueba positiva de que el Padre Emiliano no era solamente nuestro fundador, sino el instrumento que Dios usó para fundarnos, y que supo sembrar bien, no a través de sí mismo, sino a través de Jesucristo que es “el mismo de Ayer, de Hoy y de Siempre”. 
    Roguemos para que seamos fieles a nuestro legado, adorando a Dios, evangelizando en Su nombre y buscando el convertirnos más y más en Él que nos ha salvado, para la gloria de Dios y la extensión de su Reino.

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 La Organización del Traslado 
    La logística del Traslado era posible solamente por la colaboración desinteresada de un ejército de voluntarios. Por ejemplo, tuvimos 300 personas en el equipo de orden en Santiago y 200 más en el equipo de Santo Domingo. 
    En la reunión final, con María Armenteros y todos los equipos, tuvimos que pedir prestado el uso de su Iglesia a nuestra parroquia “El Buen Pastor”, por que no tenemos un espacio suficiente- mente grande en la Casa de la Anunciación para tantas personas. 
    En total trabajaron unos 15 equipos de Siervos y colaboradores -cada uno con su especialidad- con preparativos que empezaron en marzo. ¡Bien hecho fieles siervos! 
    También recibimos donaciones muy generosas: la calle asfaltada, cortesía de Obras Públicas; seis grandes carpas cortesía del Banco Popular, y otras dos cortesía de Fiestas Palacio: una planta eléctrica “de 170 K”; los servicios completamente gratuitas de la Funeraria Blandino, con el acompañamiento personal de su dueño el Señor Fernando Arredondo. 
    Los hoteles para alojar los 200 visitantes de fuera, y los medios de transporte nos dieron “ofertas de grupo” extraordinarias. 
    A precio de costo recibimos: pantallas de retro-proyección y plasma por un lado, y sonido por el otro. Dos techos inmensos de lona, los baños portátiles, y la lista sigue casi sin término...
    Toda esta inversión de tiempo, creatividad, dinero y coordinación entre hombres de buena voluntad es una clara demostración del afecto desinteresado que tiene el pueblo hacia su “padrecito”, el padre Emiliano. 
    Que descanse en Paz. 

 (El Siervo # 187, Julio 2007)      

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