| Evaristo en Tierra santa, Octubre 1996 |
El Evangelizador murió, pero ¡la evangelización continúa!
En un día como hoy, hace exactamente un mes, nuestro hermano y amigo Evaristo pasó a la vida eterna. El Evangelizador murió, pero ¡la evangelización sigue!
En las últimas semanas hemos oído los recuerdos de muchas personas. Casi siempre nos han contado de la primera vez que lo encontró, de un incidente especial, o una sanación en la cual Evaro estaba involucrado. Claramente era un hombre de Dios, pasando por la tierra haciendo bien.
Pero ¿quién era Evaro?
Para entenderle, hemos de recordar que Evaro era un hijo de Nagua. Nació allí, vivió allí y fue enterrado allí. Tanto su funeral, como la “misa de nueve días” (con el Santuario de la Altagracia lleno hasta las ventanas) testificaban de su relación con su pueblo natal – amplio, hondo y profundamente amoroso.
Aunque viajaba por países muy lejanos, jamás olvidó su orígenes. Evaro acostumbraba decir: “Soy un sencillo comerciante de Nagua”.
Y así se explican sus ojos brillando, listo para escuchar y aprender -este elemento entrañable de “ingenuidad”- cuando se encontró en ambientes muy distintos a los suyos.
¿Cómo era Evaro?
La primera cosa que se notaba era su sonrisa, una sonrisa permanente y a prueba de todo.
Al levantar la cabeza, interrumpido en la oración; al entrar por la puerta en una casa ajena; al bajar de un carro después de un viaje largo; al encontrarle en el aeropuerto, trasnochado por un vuelo trasatlántico; siempre se presentó aquélla sonrisa feliz y contenta… “Hola hermanito, ¿cómo estás?”
Físicamente era de mediana estatura, con algo de una barriga en los últimos años, con pelo corto y en cierto modo rizado y retirado. Tuvo una complexión algo rojiza del sol, y el hábito de inclinar la cabeza para prestar más atención.
Evaro y el P. Emiliano
Muchos han dicho que era “discípulo” del Padre Emiliano, y es la verdad. Pero sería más acertado llamarle “hijo de Padre Emiliano”. Hay dos razones:
El manto del Padre
Como un buen alfarero, el P. Emiliano moldeaba el talento natural y el don del Espíritu que Dios le había dado, para convertir a Evaro en un predicador extra-ordinario. Una vez yo estaba manejando el carro. Recuerdo escuchar al Padre comentar la conferencia que Evaro acabó de dar. No era la corrección de un maestro con su alumno, más bien de un padre con su hijo predilecto. Y Evaro escuchaba y crecía.
Su forma de predicar era pausada, clara y coherente. Tuvo una seguridad en sí mismo. A menudo hizo una pausa para asegurarse de que estábamos entendiéndole bien. Pediría preguntas al público y escucharía sus contestaciones. Nunca usó palabras complicadas, ni ideas que un sencillo campesino no podría entender. A la vez, siempre comunicó su fe absoluto e inquebrantable en Dios.
Igual como el Padre Emiliano, le gustaba contar chistes y cuentos, normalmente de su amada Nagua.
El día ocho de febrero pasado, Evaro llevó el ministerio de oración por los enfermos en una misa en la Casa de la Anunciación. El hablaba con autoridad y una asombrosa precisión al identificar a los que estaban siendo sanados.
Es muy difícil persuadir la gente a identificarse en el acto. La timidez y la inseguridad hacen que muchos prefieran no decir nada. Sin embargo, si se podría persuadirles ponerse de pie, se alimenta la fe de los demás enormemente. Curiosamente Evaro usaba exactamente las mismas frases que usaba el Padre Emiliano años antes: “Si quieres, se puede ponerse de pie…” (que es la traducción del francés: “si vous plait”). Estábamos escuchando la voz del Padre, en la boca de Evaro.
Tal cual como Eliseo era heredero del manto de Elías, Evaro era heredero del manto de Padre Emiliano.
El hijo que ama
La otra faceta de su relación con el Padre Emiliano, era la atención que Evaro prestaba al Padre. Si el Padre Emiliano era “un padre” para Evaro, más todavía era Evaro “un hijo” para el Padre Emiliano. ¿Quién puede olvidar cómo Evaro explicaba exactamente la dieta para el Padre, con sus gustos y preferencias.
El mismo Padre Emiliano nos dijo: "La verdad que durante todos estos años desde el ‘76 hemos podido predicar retiros juntos en muchos países de América Latina, en Canadá, Estados Unidos, en España. Le doy gracias a Dios por un compañero de evangelización tan valiente como Evaristo".
Vamos a delinear un poco de su historia:
Evaristo Guzmán Hilario nació en “Las Corcobas" (un paraje de Nagua), el 2 de febrero de 1945. Sus padres eran Manuel de Jesús Guzmán y Francisca Hilario.
Quedó huérfano de madre a los nueve años de edad, y pasó muchas necesidades, pero la fe que sus padres humildes sembraron lo fortaleció. Los domingos tenía que caminar los diez kilómetros a Nagua para asistir a Misa los domingos, ida y vuelta.
Vivió toda su vida en Nagua, con la excepción de los dos años en el Seminario Menor de los MSC en San José de las Matas.
De regreso a Nagua conoció a su querida “Yolanda” Juana Almánzar. Se casaron el 30 de abril de1966, y formaron una hermosa familia con cuatro hijos: Evaristo Miguel, Néstor, Carmen Lidia “Yoli”, y Joel. Evaro comenzó su vida comercial con una pequeña tienda junto a su inseparable compañera “Yolanda”. El negocio - “La Tienda Yoli” - fue creciendo hasta llegar a ser una gran tienda que, más que vender mercancías era el refugio de todos lo que tenían problemas. La tienda se convirtió en un “consultorio” espiritual.
Como profesión Evaristo era comerciante. A la vez, era diácono.
El 21 de enero de 1990, día de la Virgen de la Altagracia, fue ordenado como diácono en la parroquia de Nuestra Señora de la Altagracia, en Nagua. Dijo el Padre Emiliano en aquél entonces: “Queremos felicitarlo en este día, es el primero de la comunidad de recibir el diaconado. ¡Ojalá con el tiempo sean muchos los evangelizadores para extender el Reino de Dios!”
Y como evangelizador, Evaro siempre fue fiel discípulo del P. Emiliano y un predicador extraordinario. El Señor le llevó a lo largo y ancho de la República Dominicana, de Europa y las Américas predicando que “¡Jesús está vivo!” y orando por los enfermos, confirmando el Señor la palabra que proclamaba con señales y prodigios. Hoy, son muchos los que dan testimonio de las curaciones, espirituales y físicas que recibieron a través de su ministerio.
La Comunidad
También -con el Padre Emiliano y María Armenteros- fundó nuestra Comunidad Siervos de Cristo Vivo el 28 de noviembre de 1982. Eran ocho personas en aquella primera reunión. Hoy día son unos 950 Siervos de Cristo Vivo esparcidos por ocho países.
El deseo de Evaristo era ver a nuestra Comunidad cada vez más santa y unida en el amor de Dios. Asumamos, pues, seriamente nuestros compromisos comunitarios, dejándonos guiar por el Espíritu Santo que nos impulsa a seguir con la mirada puesta en Jesús. Prosigamos la misión evangelizadora que no se detiene: anunciar que Jesús está vivo, en comunión con toda la Iglesia, ahora con la guía de un nuevo Papa, y con Evaristo y el Padre Emiliano, intercediendo desde el Cielo.
Su vida personal
Su vida personal fue semejante a una montaña rusa, con altos picos y profundos valles:
— Con la alegría de casarse con Yolanda; del nacimiento de sus hijos; de su sanación de hepatitis B; del gozo de poder servir a los hermanos a través de la experiencia de la Vida en el Espíritu; teniendo las primeras vivencias de recibir una palabra de conocimiento y ver los frutos en la Iglesia compartiendo los viajes misioneros con el Padre Emiliano:
— Hay que sumar las tristezas de ver su negocio - “La Tienda Yoli” - quemada por completo; de haberle tocado a él el terrible momento de encontrar el cuerpo del Padre Emiliano ya muerto, ¡su amigo y compañero!; y de descubrir finalmente, pocos días antes de morir, que su “mieloma múltiple” -a pesar del trasplante- había hecho metástasis en órganos vitales como el hígado.
Su enfermedad
Su enfermedad era larga y dolorosa, sin embargo Evaro supo convertir obstáculos en oportunidades. El mismo nos comentó:
"En esos 30 años y más al servicio de la iglesia … la experiencia más maravillosa no la he vivido en esos primeros 29 años, sino la he vivido ahora con esta enfermedad, porque la unión con Dios ha sido tan profunda. No podía imaginar lo que era ‘amar con dolor’, y mientras más dolor he experimentado, más amor he sentido por el Señor …
jamás pensé que el Señor iba a cambiar mi predicación ... pero ahora he comprendido -en medio del sufrimiento y de mi calvario- que el mensaje que cambió al mundo fue el mensaje de la cruz -de ese que habla San Pablo- del Jesús Crucificado. Jesús hizo maravillas y milagros, pero el mensaje de la cruz fue el mensaje que cambio la humanidad".
¿Y cómo podemos entender su muerte?
Su nuero, Federico, nos comentó: “he buscado en lo profundo de mi corazón algunas respuestas que me ayuden a aceptar la voluntad de Dios entre todo este dolor. Le he pedido a nuestro Señor ser instrumento de su paz y amor para poder dar consuelo a mi amada Yoly, a doña Yolanda y a mis hermanos Nestor, Evaristo Miguel y Joel.
Hace unos días, estando en oración, me vino a la mente lo que dice la Palabra: "Para que el grano de trigo dé fruto, tiene que morir". Entonces comprendí por qué tenía que irse don Evaro: para que el mundo pueda ver los frutos maravillosos que darán esas semillas de amor que el sembró en nuestros corazones.
¿Y cómo podemos entender su ministerio?
Julio César nos escribió: “Nunca perdió su ardor inicial; ni se marchitó en él, el frescor de su verbo apasionado, y la radicalidad de su compromiso en Cristo. Aumentó en estatura en el dominio y conocimiento de la Palabra de Dios. Se hizo pródigo en obras; acogió todos los dones del Espíritu. Grande en las pruebas y sufrimientos. Inmenso en el perdón. De él podría decirse que pasó por este mundo haciendo mucho bien”.
Y finalmente recogemos las palabras de María Armenteros:
Como el P. Emiliano, Evaristo, fiel discípulo del misionero, se nos ha ido dejándonos el perfume de su vida consagrada, entregada generosamente a Dios y al servicio de los hermanos.
Nos da dolor el "diálogo interrumpido" con nuestro hermano, pero a la vez, nos hemos quedado con el gozo profundo que nos da la fe, de que, habiendo vivido con Cristo, muriendo con El, hoy, ya goza de la resurrección prometida por el mismo Señor.
Que su ejemplo nos ayude a todos a seguir con ánimo y fidelidad en este peregrinar hacia la Casa del Padre, viviendo una profunda vida de unión con Dios y sirviendo, como lo hizo Evaro, a todos sus hijos.
— Que el grito de la Pascua esté siempre en nuestros labios y en nuestro corazón.
— ¡Jesús está Vivo!
— Ante la muerte de Evaro, celebremos su vida haciendo lo que a él de seguro le hubiese gustado que hiciéramos:
— ¡Seguir evangelizando!
— El Evangelizador murió, pero ¡la evangelización sigue!
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Nació: 2 febrero 1945
Av. María Trinidad Sánchez #5, Nagua, María Trinidad Sánchez
Comerciante / Predicador
Casado con “Yoli” Juana Yolanda Almánzar de Guzmán
(nació 19 agosto 1945)
Se casaron el 30 de abril de1966,
Hijos: Evaristo Miguel, Nestor, Yoli y Joel
C.S.C.V. 28 Noviembre, 1982
Diácono 21 Enero, 1990
Puerto Rico 15 Septiembre, 2001
Puerto Rico 1 Abril, 2004 – J / N con Evaro en PR
Al cielo 15 abril, 2005
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