lunes, 8 de junio de 1998

La Adoración al Santísimo.

La adoración al Santísimo 

P. Jorge A. Bravo M., S.J. 
(El Siervo, núm. 97, junio 1998)

El Custodio en el Hogar Paz

    1/. Los Estatutos de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo, al indicar los diversos medios para la santificación personal de sus miembros, señalan en primer lugar: “la búsqueda de una relación personal con Jesús Sacramentado, presente en la Eucaristía”.(1) 
    Cuando puntualizan algunos compromisos respecto a la vida de oración, dicen los Estatutos: 
     - “Visitar al Santísimo Sacramento, al menos una vez a la semana; preferiblemente en los oratorios de las casas de la Comunidad o en la parroquia; y esto lo hará con el espíritu de ir a los pies del Maestro para estar atento a recibir el amor, las luces y enseñanzas que el Señor quiera regalarle” 
    “Se sugiere participar por los menos, en una Eucaristía semanal adicional, además de participar en la Eucaristía dominical de precepto”.(2)  

    2/. En realidad son dos actividades, externamente muy sencillas, pero de una eficacia poderosa para cultivar alimentar y expresar esa riqueza insondable de la “vocación contemplativa” de un Siervo de Cristo Vivo en relación con la Eucaristía, “fuente y cumbre de toda la vida cristiana, que contiene en sí todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir a Cristo mismo, nuestra Pascua”.(3)

    3/. Y es todo lo que los Estatutos dicen sobre el Siervo de Cristo Vivo y la adoración eucarística. y creo que no dicen más porque fundamentalmente no es cuestión de decir muchas palabras (hay verdaderas bibliotecas sobre el Misterio de la Eucaristía, pero ¡las Bibliotecas no adoran al Santísimo!) sino de postrarse con humilde fe y muchas horas “a sus pies” y vivir ese “ser llamados para estar con El” (4)  e ir descubriendo, “iluminados los ojos de nuestro corazón” (5) la “insondable riqueza que es Cristo, vida nuestra, en la fracción de Pan”

     4/. “Visitar al Santísimo”, “Celebrar la Eucaristía, Banquete del Señor' “Memorial vivo de su muerte y su resurrección”: todo esto es fruto de una fe personal, viva y gozosa, y es alimento de esa misma fe para crecer y ser transformados en Aquel cuyo rostro contemplamos y cuya presencia nos embriaga y nos da vida, nos consuela y fortalece, y construye desde dentro la Comunidad en el amor Porque no puede haber Comunidad sin Comunión de hermanos en el único Pan y en la única Sangre derramada para que seamos uno en Cristo por su Espíritu. 

     5/. El Catecismo de la Iglesia Católica, en 25 páginas y en cerca de 100 números, minuciosamente elaborados, nos resume y aclara la enseñanza de la Iglesia sobre la Santa Eucaristía: “La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida eclesial; los nombres de este Sacramento; la Eucaristía en el plan de salvación, la celebración litúrgica de la Eucaristía, la Misa de todos los siglos; el Sacrificio Sacramental como acción de gracias, como memorial y como presencia; la Presencia de Cristo por el poder de la Palabra y del Espíritu Santo; el culto de la Eucaristía; el Banquete pascual; los frutos de la Comunión; la Eucaristía y el compromiso con los pobres; la Eucaristía prenda de la vida futura”.(6) 
    La Comunidad Siervos de Cristo Vivo tiene esta fuente inagotable de instrucción y de profundización para su vida eucarística. Lo imprescindible es “visitar al Santísimo” y “participar en la Eucaristía”.

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos (Salmo 94)
(El Padre Jorge con el Santísimo)
     6/. El librito de Gastón Courtois “Cuando el Señor habla al corazón” puede ayudar a los Siervos de Cristo Vivo a vivir profundamente su vocación contemplativa mediante la adoración al Santísimo .. Jesús habla al corazón de este Sacerdote y, a través de él al corazón de cada Siervo: 
    “No te canses de pedirme la inteligencia de la Eucaristía. Contempla lo que la Eucaristía te ofrece, lo que la Eucaristía te pide. La Eucaristía te ofrece una presencia: mi presencia actual de Resucitado, gloriosa humilde y escondida; presencia total y amorosa, pues Yo estoy aquí para darme, para purificar y tomar por mi cuenta cuanto eres y cuanto haces. Te ofrece un remedio contra el egoísmo: es imposible exponerse a las radiaciones de la Hostia sin que se infiltren y acaben por abrasar el alma con el fuego de mi amor Mi caridad purifica, ilumina, intensifica, fortalece la llamita de tu corazón. La pacifica, unifica y fecunda orientándola al servicio de los demás. Un remedio contra la soledad: Yo estoy cerca de ti, sin abandonarte nunca ni con el pensamiento ni con la mirada. En Mí encuentras a María la Madre, y a todos como hermanos. Yo lleno tu soledad. Un remedio contra la esterilidad, porque el que mora en Mí y Yo en él, da mucho fruto. La Eucaristía te ofrece un alimento, porque yo soy el Pan de la Vida. 
    Contempla lo que la Eucaristía te pide: ante todo, que estés atento a mi espera: Yo estoy llamando a la puerta de tu corazón. Pídeme la gracia de estar más intensamente atento a mi llamada. Tal vez tenga algo que decirte o que pedirte. 
    “Está más atento a mi presencia, a mi actividad irradiante, a mi voluntad de unión contigo. La Eucaristía te pide más adhesión de tu fe, más adhesión de tu esperanza, más adhesión de tu amor Si tuvieses mayor confianza en el “asoleo” -esa especie de baño de sol- que te procura ese estar cara a cara conmigo en la Eucaristía, bajo el influjo de esas “radiaciones mías ..... Comulga con frecuencia “en espíritu” en el fuego que arde en la Eucaristía. Trata de asimilar en ti algo de los sentimientos que arden en mi corazón. Absórbeme y déjate absorber por Mí, hasta que no seamos sino “uno” por la acción del Espíritu Santo, como el hierro que se hace uno con el fuego que absorbe en su interior cuando está en el horno, y se vuelve luminoso, ardiente y maleable” (7) 
     
    7/. Siervo de Cristo Vivo, que el Señor te conceda, por el poder de su Espíritu, la gracia de descubrir y de experimentar la riqueza transformadora de tu estar humilde y fiel en adoración a Cristo Resucitado, en la Santa Eucaristía. 
    Acércate a El y vive su Presencia. Canta en tu corazón tu gozosa profesión de fe: “Yo sé que estás aquí, mi Señor, ¡Yo sé que estás aquí! 
    Mi alma te alaba, mi alma te alaba, porque sé que estás aquí”. 

1 (Estatutos C.S.C.V., Artículo 1, 5) 
2 (Estatutos C.S.C.V., Artículo 3.8.1.c. ) 
3 (Lumen gentium 11, Presbyterorum ordinis 5) 
4 (Marcos 3, 14) 
5 (Efesios 1,18) 
6 (Catecismo 1322 -1405) 
7 (Gaston Courtois, “Cuando el Señor habla al corazón” Páginas 127 - 135)

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