lunes, 7 de diciembre de 1998

La Adoración al Santísimo

La Adoración al Santísimo 

 Por P. Emiliano Tardif, M.S.C. 


    En Julio pasado yo estuve visitando la Comunidad de los Siervos de Cristo Vivo en Castellón, España, y quisimos aprovechar esa visita para bendecir la casa de la Comunidad, la Casa del Magnificat que acaban de comprar. 
    Un hermoso apartamento de dos plantas: en la primera está la Capilla, y en la segunda hay un buen salón para cursos y reuniones y para un pequeño comedor con su cocina. 
    Después de haber bendecido la casa, hicimos la exposición del Santísimo en la Capilla, y un tiempo largo de adoración al Señor. Luego cantamos un canto de adoración y nos quedamos a los pies de Jesús en profunda adoración. 
    Durante ese tiempo de adoración, recibí un mensaje del Señor. Un mensaje que me llegó fuertemente al corazón, como aquél que había recibido en Samaná durante el primer Retiro que hicimos antes de comenzar la Comunidad. 
    Aquel mensaje del primer Retiro decía: "El que mucho ama es capaz de hacer grandes sacrificios por el amado". Nos había invitado a comenzar la Comunidad sin preocuparnos demasiado de los sacrificios que iban a acompañar esa fundación. 
    Este nuevo mensaje recibido, en Castellón decía: “Si un día ustedes descuidan la adoración del Santísimo, su Comunidad comenzará a desmoronarse”. 
    El Señor me dio este mensaje en Francés, y decía: "Si un jour vous negligez l' Adoracion du Saint Sacrement, votre communaute commencera a s'effriter". 
    Me impactó este aviso del Señor y más todavía relacionándolo a una conversación que había tenido unas semanas antes con alguien de la Comunidad que pretendía que podríamos disminuir las horas de Adoración, ya que tenemos mucho trabajo en nuestro apostolado. No me había gustado esa opinión. Y el mensaje que el Señor me dio en Castellón vino a confirmar mi deseo de mantener la Adoración que es la primera vocación del Siervo de Cristo Vivo. 
    La adoración diaria del Santísimo es la fuerza de nuestra Comunidad. Es fuente de Bendiciones en cada Casa de la Comunidad y en la vida privada de cada Siervo de Cristo Vivo. Y el aviso que da el Señor a nuestra Comunidad nos lo podemos aplicar a cada uno personalmente: 
    "Si un día ustedes descuidan la adoración del Santísimo, su Comunidad comenzará a desmoronarse". 
    ¡Adelante! ¡Que el año nuevo sea un año de mucha Adoración! Feliz y Santo Año Nuevo a todos los Siervos de Cristo Vivo! 
    
 Tomado de “El Siervo” número 100, diciembre, 1998
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 Un testimonio de El Salvador 


        El P. Emiliano nos contó lo siguiente sobre la adoración:
   Estando en un retiro organizado por Mons. Uribe en Colombia, un sacerdote de El Salvador le contó de la guerra de guerrilleros que estaba matando a la gente de su país. Parece que las tropas del gobierno pensaban que sus catequistas y animadores de asamblea eran comunistas. Así que, a menudo los llevaban, para nunca ser visto jamás.
    Entonces, fruto de una oración profunda, concibió la idea de organizar la “adoración perpetua” en su parroquia. Llamó a sus fieles y acordaron a exponer el Santísimo en las capillas e interceder ante Jesús Sacramentado por esta situación. En cada capilla se exponía el Santísimo por 24 horas y al terminar, le llevaban en procesión hasta el próximo paraje y capilla. Habían unas 40 capillas en esta parroquia rural. Así que, permanentemente en uno u otro lugar de la parroquia estaba gente adorando al Señor. 
    Desde el momento que empezó la adoración perpetua, se fue pacificando el ambiente y ya no se oía más de desparecidos y muertos. 
    Pero un día llegó la noticia de que habían llegado las tropas del gobierno, y de nuevo habían llevado a un catequista. Estaba preso en el destacamento de la policía, y por la mañana le llevarían a la capital. Todos sabían lo que pasaría: no le volverían a ver jamás. Todo el mundo corrió a la Iglesia y empezaron una oración de intercesión que se prolongó hasta ya avanzada la noche. 
    Mientras tanto, el catequista estaba sentado en la penumbra de su celda, cuando de repente se dio cuenta que la puerta no estaba totalmente cerrada. Saliendo silenciosamente, vio que la puerta al fin del pasillo que da al patio, también estaba media abierta y así siguió hacia delante... 
    Paso a paso rumbo a su casa en la noche, vio que todas las luces estaban encendidas en la casa de un hermano de la Iglesia. 
    ¡Puedes imaginar la alegría cuando él apareció en medio de los que estaban orando por su libertad! 
    Rápidamente se organizaron, y la misma noche le despidieron y el catequista salió del país. 
    Bueno, ocurrió lo mismo que nos narran los Hechos de los Apóstoles acerca de Pedro en la cárcel. Mientras los hermanos oraban el Señor enviaba a sus ángeles a liberarlo (Hch. 12, 5-12). 
     A la gente que no entendían el poder de la adoración, el Padre Emiliano solía contarle este testimonio. 
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