lunes, 8 de agosto de 1994

La Espiritualidad del Corazón de Jesús

La Espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús 

Por María Armenteros 



    Para mí la devoción al Sagrado Corazón de Jesús significa "devolver amor por amor". Viendo a la Virgen contemplar a su hijo con el corazón traspasado al pie de la cruz, se confirma esta realidad. Ella, en ese momento de dolor con su propio corazón herido, devuelve a su hijo el amor que tanto había recibido de él. 
    La Devoción del Corazón de Jesús tiene, como expresión, a "Cristo-amor". Es la devoción a toda la persona de amor de Jesús. 
    El Siervo de Cristo Vivo está llamado a tener una relación personal con este Jesús-amor que nos revela al Padre. Es un intercambio de amores. Cuando uno se siente amado no puede hacer otra cosa que amar. Se siente atraído, como un imán. 
    No nos podemos quedar impasibles al contemplar el Corazón traspasado de Jesús en la cruz. Como Siervos de Cristo Vivo necesitamos meditar en los misterios de la pasión. Al hacerlo surgirá el agradecimiento al contemplar lo que Jesús ha hecho por nosotros. Comprendo porque los santos eran grandes admiradores de la pasión del Señor. Ellos nos invitan a contemplar estos misterios. 

Una Gracia 
    Dada Nosotros, como comunidad, hemos tenido una gracia muy grande en la forma cómo el Señor nos usa. Tanta gente viene detrás de nosotros que muchas veces hasta tienen que sacarnos con la policía de la multitud para que no nos aplaste. Recuerdo al Padre Emiliano en Milán, cuando tuvieron que sacarle dos policías muy altos, llevándolo casi en volandas. Cuando le vi, me eché a reír, y se me ocurrió pensar ¡Menos mal que no es un maleante! 
    Lo mismo nos pasó en Sicilia al Padre Víctor y a mí. Enviaron varios policías para sacarnos de la Iglesia abarrotada de gente. Ellos, que habían sido tocados por la predicación, antes de hacerlo, se pusieron en fila para que le diéramos la bendición, y luego nos sacaron. 
    Que ninguno de estos aplausos se nos pegue. Al regresar de cada retiro, hay que volver al pie de la cruz, pues si algún fruto hay en nuestra predicación, es porque estamos bebiendo de la fuente de agua viva que brota del Corazón traspasado. Sabemos que sin El nada podemos hacer (Juan 15, 5). 
    Es una gracia dada, por lo que hay que diferenciar entre el triunfo y el triunfalismo para así evitar a sentarnos en la silla del Rey, robando el honor que solo El merece. 

"Fijen sus ojos en mi" 
    Quedémonos con la imagen de María contemplando a su hijo al pie de la cruz, los ojos fijos en el crucificado (en el cuadro a la cabeza de este blog). Recuerdo en Kansas City en 1976, el grito del Señor: "Fijen sus ojos en mí. Fijen sus ojos en mí." Ese ha de ser nuestro camino: no apartar nuestros ojos de Él. Mirándolo al Él, Él nos hará fijar los ojos en nuestros hermanos, y nos hará vivir el amor entre todos. Ya tenemos bastante con los ataques que recibimos desde fuera, para que vivamos también dentro atacándonos unos a otros. Recuerdo la profecía de hace años donde el Señor nos decía "Están ustedes preparados para lo que ha de venir? Están preparados para perder todas sus seguridades? Reúnanse en un solo corazón para que puedan hacer frente a las dificultades." 
    Este corazón debe ser el Corazón de Jesús. Es el valor de la vida comunitaria, donde nos apoyamos mutuamente. Nosotros hemos recibido el amor y debemos amarnos los unos a los otros. 
    Esta devoción al Corazón de Jesús tiene que dar mucho fruto en nosotros. En el amar a Dios y amarnos unos a los otros descubrimos la riqueza de esta devoción. 

Que seas presencia de amor 
    El cuadro es una invitación a ir al Corazón de Jesús. La devoción es una experiencia de amor a Dios y amor a los hermanos. Nos lleva a la contemplación de un corazón herido, profundamente herido. Más siendo resucitado, es impasible, es decir no puede padecer. Pero el ser impasible no quiere decir que es insensible. No es insensible al amor y al desamor, al pecado y a la correspondencia, a la respuesta y al rechazo, al agravio y al desagravio. 
    Ante esto, pienso en las palabras del Salmo 68, 21 en el que descubrimos el reclamo de El Divino Corazón: "improperios y miserias sintió mi corazón. Esperé que alguno se entristeciera conmigo y no lo encontré: busqué quien me consolase y no lo hallé".
    Él quiere que tus seas consuelo para su Corazón. Él quiere que tu seas presencia de amor amándolo y dejándote amar por él. 
    Responde con amor a este reclamo de su divino Corazón.

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